Mostrando entradas con la etiqueta MasVeinticuatro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MasVeinticuatro. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de enero de 2017

Monstruo, pt II



No dejé de correr hasta llegar a mi casa. Subí a mi cuarto, cerré la puerta y lloré. ¿Qué había hecho? No debería haberle besado, ahora sabe que soy… Oí a mi padre subir las escaleras, y apresuradamente me limpié las lágrimas e hice como que estaba con el móvil. Me preguntó que si me pasaba algo, que por qué había subido tan rápido. Le dije que no, que no pasaba nada. No quise levantar la vista para que no se diera cuenta de que tenía los ojos enrojecidos. Me dijo que dejara el móvil y me pusiera a estudiar y salió de la habitación. Me volví a derrumbar.


Odiaba a ese chico. Y la razón de ese odio no era otra que la envidia que me daba. Envidia de su libertad, de poder actuar así sin miedo a que le juzguen. Envidia de no tener que aparentar ser algo que no eres. Él no tiene ni idea de lo que es llevar la ropa que tu padre decide que debes llevar, hablar y actuar como te dicen. Desde pequeño me han impuesto los gustos e inquietudes que debo tener. Me siento encerrado en mi propia vida, en mi propia casa, en mi propio cuerpo.


Soy consciente de que no debería haber hecho lo que hice, pero ya no hay vuelta atrás. Confío en que no se lo contará a nadie, aunque sea por miedo. Ha sido un calentón y punto, no volverá a repetirse. O eso creía. Estuve una semana sin ir a clase, no quería verle. No podría soportar su mirada, ¿cómo me miraría? Ya no lo hará asustado como lo hacía antes, ya no me teme, tiene algo que puede usar en mi contra. Estaba aterrorizado, con solo contarlo podría acabar con la reputación que llevo toda la vida currándome a base de sacrificios. Posiblemente nadie le creería, pero sembraría la duda y ya siempre estaría en el punto de mira.


Dos lunes después, volví. Llegué a clase, él ya estaba allí. Tenía intención de no mirarle, pero no pude evitarlo. Aquellos ojos azules me miraron con una mezcla de sorpresa y alegría. ¿Me habría echado de menos? Me sonrojé un poco, y traté de pensar en otra cosa para que no se me notara. En el descanso, cuando nadie miraba, le susurré que fuera al callejón a la salida. Pareció captar el mensaje, y creo que pensó que iba a volver a pegarle (como había estado haciendo para fabricarme una coartada y descargar mi frustración) para asegurarme de que no contaba nada, porque no volvió a mirarme y permaneció con la mirada baja, como con miedo.


Salió rápido de la última clase, y cuando llegué al callejón ya estaba esperándome. Empecé a andar hacia él, giré la cabeza, vi que no había nadie, volví a mirarle, y sin apartar mi mirada de sus ojos dejé caer mi mochila al suelo (él hizo lo propio), llegué hasta él y le besé contra la pared. Saboreé meticulosamente su lengua, mordí sus labios. Con una mano apoyada en la pared y la otra apretaba sus pantalones contra los míos. No había estado tan caliente en mi vida. Deseaba hacerle mío ahí mismo, me daba igual todo lo demás. Entonces él se separó. Me apartó suavemente de él, me sujetó por los hombros y me puso en su lugar, contra el muro. Me besó y sonrío. Sabía lo que iba a hacer. Cerré los ojos y disfruté, como jamás lo había hecho.


Nunca llegamos a ser nada. Nunca le hablé a nadie de él. Cuando el instituto terminó, no volví a verle. En el primer año de carrera conocí a la que ahora es mi mujer, por lo que no volví a tener relaciones con hombres, aunque a veces lo echo de menos, el primer amor nunca se olvida.

Monstruo, pt I



Desde que llegué al instituto noté que era diferente. No encajaba con los demás chicos, no me sentía cómodo con ellos. No me gustaba su forma de ser ni de actuar. Siempre estaba con mi amiga de toda la vida, a la que conozco desde que tengo uso de razón. Nunca he sido muy masculino, ni he querido serlo. Antes, ni siquiera sabía qué era eso, unos cánones impuestos que desconocía. Siempre he sido como soy, sin pensar en si era como debería ser. Vivo solo con mi madre, y ella nunca me ha impuesto nada. Visto, hablo y actúo como soy. Y no sabía que eso podría ser un problema para los demás.


Acabo de empezar mi cuarto año, y hay algo que no va bien. Hay un chico nuevo en mi clase, un repetidor, que no deja de mirarme. Lo hace con cara de asco, como si le hubiera hecho algo. A veces le oigo susurrar a su amigo, que ha repetido con él, justo después de mirarme, alguna frase que contiene la palabra “maricón”. Después risas, y vuelta a mirarme. Hago como que no me doy cuenta, intento no darle importancia. Pero sí que la tiene, al menos para mí. No puedo parar de pensar en ello de vuelta a casa. ¿Por qué lo hacen? No soy capaz de entenderlos. Mi amiga dice que no les haga caso, pero no puedo evitarlo.


Me duele, me duele mucho. Me duele tanto porque el chico que me hace esto es el mismo del que llevo enamorado casi dos años. Siempre lo he visto por los pasillos, metiéndose en líos. Adoro su sonrisa, moriría por poder tocar su cuerpo. Sé que no es para mí, pero no hay nadie como él. Y que ahora que sabe de mi existencia, se dedique a reírse de mí, es doloroso. No puedo dejar de mirarle en clase, y cuando él se gira y sus ojos se clavan en los míos, siento como el corazón me da un vuelco, y él se gira para hacer otra broma sobre mí. Agacho la vista, me hacen sentir tan fuera de lugar, solo quiero desaparecer.


Luego empezaron a ir más allá, y un día me esperaron a la salida, cuando no había nadie más. Me llevaron a la parte de atrás y se me empezó a encarar. Tenerle tan cerca hacía que pudiera sentir la sangre corriendo por mis venas, y a la vez, estaba aterrorizado. Intuía que me iba a pegar. Empezó a insultarme, a increparme por mi ropa, por mi manera de andar, por mi forma de hablar. Me sentí humillado. Por primera vez sentí que estaba mal ser como soy. Me empujó, me caí al suelo y lloré. Él se limitó a reírse, darse la vuelta y largarse, siempre con su aliado detrás, apoyándole. No le hablé a nadie de ello, no volvió a hacerlo hasta un par de meses después.


Era época de exámenes, y todos andábamos nerviosos. Cuando aún nos quedaban unos cuantos por hacer, empezaron a llegarnos las notas de los primeros que hicimos. Yo tenía todo aprobado con algo de nota, así que no estaba demasiado preocupado. Pero él había suspendido todos, y por su actitud, no parecía que fuera a haber mucha diferencia en los venideros. No parecía importarle, incluso bromeaba de ello con sus amigos. El día que nos entregaron el examen de matemáticas, volvió a fijar su objetivo en mí. La profesora hizo una mención especial a mi examen, que había resuelto casi a la perfección. La cara de odio con la que me miró no la olvidaré jamás.


Me esperó a la salida, pero a diferencia del resto de ocasiones, esta vez estaba solo. Me llevó a la parte de atrás, un callejón por el que nunca pasa nadie. Se acercó a mí y me preguntó a voces que cómo era tan repelente. Que por qué era así, que si no me daba vergüenza. Que si no me daba cuenta de que todo el mundo sabía lo que yo era. Que por qué aprobaba todo. Que por qué se me daban tan bien las matemáticas. Que por qué era tan… tan… tan… Me besó. Sentí sus labios pegados a los míos, y un escalofrío recorrió toda mi columna vertebral. Se separó un segundo, me miró a los ojos, agarró mi cabeza por detrás con su mano y volvió a besarme, con lengua aquella vez. Dejé de sentir mi cuerpo, y comencé a notar el suyo. Recorrí con mis manos su fuerte espalda, y fui bajando poco a poco. Cuando llegué a su pantalón, se detuvo de golpe, se apartó de mí y se fue corriendo.


“- Continuará”.

martes, 10 de enero de 2017

Rosas (MásVeinticuatro)

¿Recuerdas aquella tarde de invierno, en la que tanto llovía, que acabamos subiendo a mi casa? El mundo entero desapareció para mí, tú lo eras todo. Por cada beso que nos dimos, una rosa floreció en mi jardín. El aroma que desprendían me obnubilaba por completo.

¿Te acuerdas cuando discutimos? Por cada lágrima que de derramaba por mis mejillas, un pétalo caía, marchito. Al final conseguías que te perdonara y decidiera seguir adelante, pero esos pétalos ya no volvían a crecer.

Hoy has vuelto a casa, enfadado como siempre, cansado de que machaquen en el trabajo. Intento hacerte la vida más fácil, pero no lo aprecias. Solo ves mis errores, lo que podría mejorar, lo que no te gusta de mí.

Hoy, una se ha puesto negra. En un solo segundo, oscureció y murió. Es tan solo una, no pasa nada. Pero mañana será otra, pasado serán dos. Una a una van cayendo todas, hasta solo quedar una en pie.

No pienso dejar que destroces esta última, me niego. He sido débil, re he dejado actuar a tu antojo, he sido cómplice de tu delirio. Pero se acabó, no pienso terminar así. Sé que no me vas a dejar marchar, no me lo vas a permitir, crees que soy tuya. No es así, soy mía, y que a ratos haya decidido compartirme contigo no te otorga mi posesión.

He mostrado todos las rosas negras a las autoridades. Pero han llegado demasiado tarde, él ha llegado antes, más enfadado que nunca. Le he dejado claro la decisión que había tomado, y eso ha desatado un amargo final diferente del que había imaginado. Cuando la policía llegó, todas las rosas del jardín se habían fundido a negro.


Amor Cuneiforme (MásVeinticuatro)



Estoy hecho para ti. Sí, suena extraño. Quizás empalagoso. Lo más probable es que no me creas. Pensarás que es una frase hecha, que lo digo por decir, pero no es así.


Cada vez que algún ser querido se fue, me ha hecho aprender a valorar a la gente que tengo en mi vida día a día.


Cada vez que me echaron en cara que no era detallista, hacen que ahora me fije en muchas cosas que antes no hacía, y te encanta.


Cada vez que me abandonaron por no abrirme y expresar mis sentimientos, ayudan a que hoy te lo cuente todo, y juntos superemos cualquier obstáculo.


Me siento como una piedra cincelada a base de golpes, pero que gracias a ello hoy encajo contigo, con tus muescas.


Como aquella que te hicieron de pequeña cuando tu tío se intentaba acercar demasiado a ti, y hoy te ha hecho desconfiada.


O cuando aquel chico te hizo caer rendida a él sólo buscando tu cuerpo, y te ha hecho que hoy te alejes de la gente así.


Pero la vida sigue dándonos cinceladas día a día, y es, cuanto menos improbable, que sigamos encajando por mucho tiempo. Pero quién sabe si ahora mismo otra persona está siendo tallada para mí.

Amor Cuneiforme

Juntos (MásVeinticuatro)

Esa vieja cafetería, qué acogedora es. Decorada de forma hogareña, con madera, con cariño. Y en la mesa: mi café, el tuyo. Delante de mí sólo estás tú. Tus grandes ojos negros.


Me das la mano y me sacas de allí. Me llevas a tu casa, me besas. Me desabrochas la camisa mientras me sigues besando. Terminas conmigo, y me besas por última vez antes de caer dormida. Me llevas al parque, al río, a una exposición tras otra. Me llevas al cine, y me tomas la mano cuando la escena se pone ñoña. Me llevas de compras, y me regalas ese gorro que se me antoja. Paseas conmigo, por la calle bulliciosa, y sólo puedo verte a ti. Entre tanta gente, entre tantas posibilidades, sólo me vales tú. Nos mudamos juntos, compramos juntos, limpiamos juntos, disfrutamos juntos. Me quedo embarazada juntos, tenemos juntos a nuestro regalo. Le amamos tanto. Tiene tu nariz. Y mi mal genio. Crece ante nosotros, rápido, sin preocupaciones. No nos damos cuenta, pero nosotros crecemos rápido también. Se hace mayor, se va de casa, volvemos a estar solos, pero juntos. Decides dejar de taparte las canas, y nos teñimos juntos de blanco para dar paso a nuestra etapa final.


Parpadeas. Salgo de mi absorta imaginación. Me miras con extrañeza y dulzura. Tomó el café y sonrío, dando un trago. Estoy listo para empezar esta nueva aventura, contigo.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Que te vayas. (MásVeinticuatro)



Que sí, que te vayas.


Que no, que no vuelvas.


Que no me voy a morir por dentro cuando me faltes, ni me va a doler el vacío que dejes en mi interior.


Que me da igual pasarme noches enteras llorando porque no estás conmigo, porque ya no están tus manos para protegerme.


Que no me importa que no vuelva a ser tu sonrisa lo primero que vea cada mañana.


Que puedes irte tranquilo, que me da igual si no vuelvo a verte, a sentirte.


Que no voy a echar de menos tus besos, tus caricias, que te preocupes por mí, que me enseñes a ser feliz.


Que no te perdono lo que me hiciste. Que no voy a soportar otra humillación. Que no voy a tolerar que me degrades. Que no soy tuya. Que porque decida compartirme contigo no te pertenezco. Que no puedes controlar mi vida.


Que no me importa que llores. Que no quiero tus disculpas. Que no me creo tus palabras. Que no puedo seguir con esto. Que no quiero depender de ti. Que tus promesas ya no sirven de nada.


Que puedes cambiar. Que puedes arreglarlo. Que puedes volver cuando me hacías feliz. Que no ha sido para tanto. Que no volverá a ocurrir. Que ya pasó. Que no sirve de nada vivir en el pasado. Que todo va a ser distinto ahora. Que nunca me vas a perder. Que siempre voy a estar aquí. Que estamos hechos el uno para el otro. Que podría vivir sin ti, pero no quiero.


Que no te necesito, que no me importas.


Que (no) te vayas.

Que te vayas

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Liberación (MásVeinticuatro)


Solo hay una persona a la que odie en este mundo. Es la que más daño me ha hecho, aunque a la par sea la que me ha dado la oportunidad de vivir cada buen momento. Pero, hasta en esos preciosos instantes, ha estado recordándome todo lo que no soy, todo lo que no tengo. Le encanta recordarme que no tengo el cuerpo perfecto, que debería comer menos, que debería hacer más ejercicio, que debería sacrificar parte de mi felicidad en conseguir la aceptación de los demás. Que no debería contestar como lo hago, que no debo dejar al descubierto mis sentimientos, que no debo decir lo que pienso. Que no debo ser yo. Que no debo ser diferente, que no debo destacar. Me mata por dentro, las palabras me taladran y me deshacen.


Son esos momentos de felicidad, en los que aparece y me destroza. "Pero mírate, si estás gorda, qué haces con esa ropa; tápate, nadie quiere verte así". "Están contigo por pena, porque no tienes nadie más con quien ir y se sienten obligados a admitirte en su grupo, no te quieren aquí". "A nadie le importa lo que pienses, no quieren saber de tu vida, de lo que sientes; cállate y no llames la atención".


Duele. Vaya, que si duele... Por dentro y por fuera de la piel. Me castiga, con esa afilada cuchilla, recorre mi piel dejando dolor, para que sepa que lo estoy haciendo mal. Que no debo ser así. Que no debo pensar así. No. No. No. Otra gota de sangre recorre mis muslos hasta mis pies, al mismo tiempo que las lágrimas llegan a mi barbilla.


La vergüenza me consume como a una colilla. Mi vida es un cigarro en las últimas, a punto de apagarse. Soy consciente de lo tóxica que es nuestra relación. Y por eso, hoy he decidido ponerle fin. Voy a dejarla. De una vez por todas, necesito ser feliz. Quién quiere un futuro si está lleno de tormento y sufrimiento. He esperado a que estuviera en la bañera para ejecutar mi jugada final. La he agarrado fuerte y le he sesgado los brazos. Nunca había sentido tanta paz, tanta liberación. Sentía como mis fuerzas se iban debilitando, poco a poco, a medida que me desangraba hasta que, por fin, dejé de ser presa de mis demonios.

Liberación

Ángel Caído (MásVeinticuatro)


He crecido toda mi vida pensando que solo me gustaban las chicas. Hasta este año. Hay un chico en mi clase, Tray. Cada vez que lo veo algo dentro de mí se revuelve, nunca había sentido esto con nadie. Me paso las horas embobado, mirándole. Su marcada mandíbula, sus oscuros ojos, su corto pelo, su ancha espalda... Adoro mirarle y, al hacerlo, no puedo evitar que mi mente nos imagine, a él y a mí, solos, en un lugar que no puedo reconocer. Piel con piel, sus labios cerca de los míos. Dios mío, sus labios. Son el manjar más delicioso que deseo probar. Sentir su respiración en mi cuello, agarrarle de la cintura como si me fuera la vida en ello. Cuando estoy a solas en mi cama, su imagen viene a mí y finjo que mis manos son las suyas y les dejo total libertad por mi cuerpo. Deseo tan fuerte que sea mío. Cierro los ojos, tomo aliento y está conmigo. La cama arde con nosotros como combustible y en medio de las llamas grito su nombre. Por unos segundos el dolor desaparece, pero cuando vuelvo a abrir los ojos ha desaparecido.


Siempre está con esa chica que le espera en coche a la salida, seguro que es su novia. Es guapísima, he de reconocerlo, pero no hay nadie como él. Una noche, volviendo a mi casa, caminaba por una zona bastante transitada los fines de semana, pues hay varios locales. Uno de ellos es el pub gay más conocido de la ciudad. Alguna vez he pensado en entrar y amar fugazmente a un desconocido para así intentar ubicar mi sexualidad, pero es algo tan artificial que me produce repulsión. Estos pensamientos rondaban mi cabeza cuando vi a Tray, con esa chica, fumando fuera del local. ¿Era gay? Aunque lo fuera, no creo que se fijara en mí. Quizás fuera la emoción del momento, la esperanza de un futuro juntos, lo que me hizo decidir ir a él, hablarle, conocerle. Empecé a cruzar la calle, con el corazón acelerado por la adrenalina, cuando sonó el primer disparo.


Me pitaban los oídos, no comprendía qué pasaba. Los gritos y el resto de disparos sucedieron muy rápido, no era capaz de procesar lo que estaba sucediendo. Me quedé parado, en medio de la carretera, mirando fijamente a Tray. En la nube de disparos, cayó al suelo. No podía saber si se había tirado para evitar que le dispararan o es que le había alcanzado una bala. Desesperado corrí hacia él, olvidando que el asesino debía seguir por allí. Llegué a donde estaba, me arrodillé ante él, le sostuve la cabeza con mis manos, como tantas veces había fantaseado hacer, y le besé. Al menos moriría siendo amado. La sangre bañaba su camisa y el charco empezaba a extenderse a su alrededor. Confieso que estoy perdido, idiota y débil. Creo que es una prueba, creo que es el mayor caos. Miro a sus ojos, es un ángel caído. ¿Dónde están nuestros líderes? ¿Cómo pueden permitir que esto suceda? ¿Acaso su color de piel o su preferencia a la hora de amar son motivos para cometer tal delito de odio? Daría mi vida por la suya, preferiría salvarle, mi ángel caído.

Un Millón de Razones (MásVeinticuatro)



La vida me está dando un millón de razones para querer abandonar. Anoche, después de irme de casa ante el rechazo y la incomprensión de mis padres por mi forma de amar, cogí el coche para irme lejos, lo más lejos que pudiera. Las lágrimas empañaban mis ojos, el llanto apenas me permitía respirar, me quería morir. Quería desaparecer; nadie me iba a echar en falta.


Era noche cerrada y no había nadie en la calle. Callejeando por lugares desconocidos, buscaba algo a lo que aferrarme, algo que me diera un motivo para seguir adelante. Y lo encontré, al menos por un segundo. Giré la cabeza y te vi, andando mientras mirabas al suelo. Pude sentir tu dolor; algo te afligía, éramos iguales. No podía apartar la vista de tu cuerpo... y a través del retrovisor quedé prendado de ti. Levantaste la mirada hacia mi dirección y el corazón me dio un vuelco. Una intensa luz llenó mis ojos, un estridente sonido inundó mis oídos y un indescriptible dolor me golpeó desde el lateral.


Aquí estoy ahora, en la cama de este hospital, tras severas operaciones. No puedo hablar ni ver, la sedación es muy fuerte, pero oigo todo lo que sucede. No hay buen pronóstico para mí. Posiblemente no pueda volver a andar y la posibilidad de daños internos a largo plazo es alta. Tengo mil millones de razones para querer abandonar, simplemente dejarme marchar. Pero solo necesito una buena para quedarme, y esa eres tú. Hoy te he oído llegar, como cada mañana, a hacerme compañía y hablarme de ti. Aunque no me conozcas de nada, hablas de la conexión que sentiste, y a través de todo el dolor quiero quedarme... contigo.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Vino Afrutado (MásVeinticuatro)

Mi mamá es la mujer más guapa del mundo. Sé que aún soy pequeño y no he visto a todas las mamás del mundo, pero estoy seguro de que lo es. Muchas noches, cuando llega, finjo estar dormido y cuando está sentada frente a su espejo, la miro desde el marco de la puerta. Veo como se quita el maquillaje, con esos suaves algodones y esos líquidos de botes de colores. Siempre llora cuando lo hace, pero no entiendo por qué. Nunca la he preguntado porque es un secreto que esté despierto a esas horas. Cuando se pasa el algodón por el ojo, su piel deja de ser clarita como es siempre y pasa a ser oscura, como morada. Otras manchas suelen aparecer por sus mejillas, en sus labios, e incluso a veces en su cuello. Los ojos se le enrojecen y se tapa las heridas con su largo pelo rubio. Cuando llora mucho, mi padre se levanta de la cama y se acerca a ella, y le besa cada una de ellas. 

Mi padre tiene un carácter difícil. Suele gritar mucho cuando se enfada. Nunca lo hace delante de mi, siempre cierra la puerta y grita a mi madre, que suele acabar llorando. No entiendo qué es lo que le enfada tanto, pero da un poco de miedo cuando se pone así. Normalmente es un hombre tranquilo, amable, siempre dispuesto a ayudar a todo el mundo. Tiene muchos amigos con los que sale algunas tardes, mientras yo me quedo con mis abuelos. Cuando se encierran en la habitación y mi padre grita a mi madre pienso que no se quieren. Yo a mi gatito le quiero mucho y nunca le gritaría así. Pero por las noches, cuando les miro en secreto, veo que se quieren más que a nada. 

Últimamente mi madre no va a trabajar. Se queda en la cama todo el día, duerme mucho. Hoy me he quedado en casa con ella en vez de irme con mis abuelos porque papá me ha pedido que cuide a mamá. Mientras estaba yo viendo la tele, mi madre se ha levantado de la cama y ha salido a la calle de detrás, donde casi nunca hay nadie. Desde la ventana he visto cómo un hombre la esperaba, vestido de deporte y con gorra, que le ha dado una bolsita transparente a mi madre. Parece que esperaba algo a cambio, pero como ella no tenía nada que darle, le ha pegado un puñetazo y se ha ido. Mi madre se ha caído al suelo, y mientras mis lágrimas empapaban en cristal, ha empezado a llover, poco a poco, sobre el cuerpo de mi madre tirado en la acera.

domingo, 28 de agosto de 2016

El Viaje (MásVeinticuatro)

Quiero huir. Dejarlo todo atrás. Atrás para siempre.

No quiero volver, no quiero volver, no puedo volver.

Compro un billete de tren. Sé que no debería.

Sin pensarlo más, cojo el tren. Va muy rápido. Me mareo.

Todo da vueltas. A través de la ventanilla no se ve nada.

Cada vez va más y más deprisa. Siento una arcada.

Parece que decelera, o al menos no ya no acelera.

El vagón es muy pequeño, me agobia, no puedo respirar.

Quiero salir. No puedo, no puedo, no debo.

Fundido a negro, parece que paso un túnel.

Cada vez respiro más despacio, me siento como si flotara. 

Todo ha desaparecido, el dolor, la angustia.

Nada me importa, soy libre, soy libre, soy feliz.

Salimos del túnel, la realidad vuele a golpearme.

Ya no floto, y siento una punzada de dolor detrás de la cabeza.

El dolor persiste, se intensifica, me taladra por dentro.

Apenas respiro, me falta aire, necesito aire.

Todo se tambalea, miro por la ventana, solo se ve mar.

El tren ha llegado al mar y no se detiene, se adentra.

El nivel del agua va superando la ventanilla, me sumerjo.

Entonces la locomotora se detiene, para siempre.

No puedo moverme, tengo los ojos abiertos fijos en el agua.

Pero... no es el mar, es el fondo de un retrete.

No es un vagón, es un cuartucho de baño.

No es un billete, es un blíster de pastillas.

No era una locomotora, era mi corazón.




domingo, 7 de agosto de 2016

Celos (MásVeinticuatro)

Siempre he sido una persona celosa. Odio que se apropien de lo que considero mío. Y eso me pasaba con ella. No era mía, pero sí el privilegio de que cada mañana me eligiera a mí como su compañero. Que decidiera compartirse conmigo. No necesitaba poseer su cuerpo, me bastaba con su corazón. Todo era perfecto, casi demasiado para ser real. Viví en esa burbuja bastante tiempo, el suficiente para acostumbrarme a ella. Me amoldé a su forma de ser, a sus necesidades, sus gustos, sus pequeñas manías y sus enfados. Sabía que si discutíamos, lo más probable es que yo me hubiera equivocado. No creo que la faltara de nada, y menos aún de cariño, pues la brindaba con todo el que poseía, servido en bandeja de mi más sincero romanticismo. 

Pero últimamente la noto distinta, ausente. Como si pensara en otro cuando está conmigo. Alguien que no puede quitarse de la cabeza, que la está conquistando poco a poco, en su interior. Es posible que le aporte algo distinto a lo que yo la tengo habituada, al fin y al cabo somos seres de costumbres y tendemos a acabar sumiéndonos en la rutina. Siempre que la pregunto me responde con evasivas, no quiere tratar el tema. Me duele verla tan distante. Ya no ríe de forma sincera, con esas carcajadas que inundaban mis oídos de alegría. No se muestra predispuesta a organizar grandes planes juntos, de esos que organizas con meses de antelación para que todo salga perfecto. Llora mucho por las noches. Cree que no la oigo, que ya estoy dormido, pero puedo sentir su dolor. Me parte el alma verla desmoronarse. Sabe que estoy para apoyarla, pero no me lo pide. Quizás no crea que estoy preparado para afrontar la verdad. 

Cuando llegue del trabajo, ella ya no estará. Los celos me consumirán. Por qué no me ha elegido a mí. ¿Tenía acaso elección? Seguro que se ha visto obligada a abandonarme. O quizás simplemente se cansó. Dios sabe que luché por ella, desde que supe de su existencia hasta el momento en el que me abandone. Y ese momento llegará. No lo podré soportar, la necesito de vuelta, no sé qué hacer sin ella. Seré el barco que se estrella contra las rocas porque el faro se ha fundido y no puede indicarle el camino. Es una pérdida de tiempo buscar responsables de los hechos. Al fin y al cabo, cuando sientes celos de la muerte, ¿a quién debes culpar?

domingo, 24 de julio de 2016

El Girasol (MásVeinticuatro)

Había una vez, en una amplia llanura, un inmenso campo de girasoles. Pero había uno en concreto, que era especial. Cada día era igual: seguir con la mirada fija el sol, una y otra vez. La monotonía le consumía. Se sentía tan solo pese a estar rodeado de miles de compañeros, que un día se empezó a marchitar. Apenas se nutría, y sus hojas empezaron a debilitarse. Los insectos se percataron y aprovecharon para alimentarse a su costa. "Qué más da", pensaba. "Nadie se preocuparía por mí si desapareciera". Algunas veces, cuando su endeble tallo apenas podía sostener sus pálidas y roídas hojas, escuchaba sonidos tras él. Era una especie de llanto, algo como un lamento. Siempre pensó que eran imaginaciones suyas. 


Una noche descubrió la verdad. Algo le hizo girarse y descubrió algo que le dejó asombrado. Detrás de él crecía el girasol más bonito que había visto en su vida. Pudo ver que llevaba tiempo llorando lágrimas en forma de semillas, que llenaban el sueño tras él. Había estado sufriendo por su decadencia, verdaderamente había alguien para él, aunque no hubiera podido verle hasta ahora. Pudo ver en sus sonrojadas hojas ahora que entablaban contacto visual que estaba enamorado de él, y a saber cuánto tiempo llevaría amándole sin él saberlo. Se sintió el ser más feliz del universo.


Y siguió sintiéndose así, pese a todo. Pese al viento que les zarandeaba con furia. Pese al intenso calor que iba en aumento. Pese a la razón por la que había podido girarse en mitad de la noche. Pese a que las llamas se acercaban voraces consumiendo uno tras otro a sus compañeros. Cuando les llegó el turno, no pudo ser más feliz. Juntos, por siempre, entrelazados en forma de cenizas, surcaron el cielo en busca de su ansiada libertad.


domingo, 26 de junio de 2016

Baldosas Amarillas (MásVeinticuatro)

Acabo de comenzar en un camino del que no puedo salir. Está pavimentado de baldosas amarillas, casi doradas. Me duele, todo, pero empiezo a andar. Poco a poco me voy dando cuenta de que no estoy solo, hay más gente aquí, más hombres, y alguna que otra mujer. Todos compartimos algo: la tristeza en nuestro rostro. La certeza de saber lo que encontraremos al final. Una preciosa ciudad esmeralda, un final donde encontrar la paz. Pero hasta llegar allí, cada paso es una tortura. No merezco esto, ninguno de lo que estamos aquí lo merecemos. Espera, ¿qué es eso que se oye a lo lejos? Según me voy acercando descubro que son monos alados, que despiadados nos gritan a los que por el camino pasamos. Nos humillan, nos degradan, nos insultan. Su intolerancia es tal, que algunos deciden dejar de andar. Y cuando lo hacen, cuando llevan demasiado tiempo sobre las losas amarillas, estas se desprenden y caen al vacío. Almas perdidas que nunca alcanzarán el descanso eterno. Con lágrimas en los ojos, veo el hueco que ha dejado un chico, tan joven, a mi lado. A duras penas puedo soportar los gritos, pero consigo sobreponerme. 

Ya puedo ver a lo lejos la ciudad, aunque queda un buen trecho aún. Entonces sucede. Justo detrás mía, aparece. Él, el amor de mi vida, está condenado conmigo. No puedo soportarlo. No, él no. Es la persona más buena que conozco, lo daría todo por él. Pero no puedo hacer nada, sin quererlo le he arrastrado conmigo al camino. Me siento tan culpable... No debería haber estado con él. No debí haberle besado, haberle amado, haberme casado con él, haberle prometido una vida juntos. Si no lo hubiera hecho, quizás él no estaría aquí. Cuando se acerca a mí y me abraza, no puedo contener las lágrimas. "Estamos en esto juntos, ¿recuerdas? juntos para siempre", me susurra al oído. Tengo la fortuna de estar enamorado de la persona más maravillosa del mundo, y la he condenado a la perdición. Él menos que nadie merece este sendero se sufrimiento y decadencia. La mayoría no llegan a la ciudad, caen antes, rendidos de dolor y desesperanza. No sé si yo lo lograré, pero haré cuanto esté en mi mano por que él lo consiga. 

Agarrados, avanzamos lentamente pero sin pausa. El dolor y el entumecimiento va haciendo mella en mis músculos. Me duele cada hueso y cada articulación, pero no me doy por vencido. No ahora, que queda poco. La ciudad está cerca, el brillo color esperanza fulgura en la distancia. Apenas un kilómetro nos separa de la felicidad, podemos lograrlo. O eso creía. A apenas unos metros de la entrada, un fuerte dolor me empieza a oprimir el pecho. No puedo respirar, una sensación de angustia recorre todo mi cuerpo. Él se da cuenta, y me sostiene en sus brazos. "Vé, corre", apenas puedo balbucear. Entonces vi el rostro de la bondad. Me miró, con los ojos cristalinos y una liviana sonrisa, y me dijo: "No quiero estar en ninguna ciudad en la que no estés tú. Vamos, túmbate". No podía dejar de llorar, y entrecortadamente le dije: "No lo hagas, vet-", me cortó posando un dedo sobre la boca y me pidió: "cállate y bésame". 

Ambos tumbados, el uno junto al otro, en perfecta armonía, nos besamos. Sentí como el suelo se empezaba a desmoronar, a pedazos, bajo nuestro cuerpo. Al principio tuve miedo de la caída, pero abrí los ojos, y al verle delante de mí, todo eso se esfumó. Había valido la pena, cerré los ojos y sentí sus cálidos labios mientras descendíamos a una velocidad de vértigo hacia la nada. Dos hombres enamorados, con una vida por delante, con tantas experiencias por vivir, arruinadas por aquel camino de baldosas amarillas, al que algunos llaman sida.



domingo, 12 de junio de 2016

Poder y Control (MásVeinticuatro)

La casa está despierta. Las sombras atraviesan los umbrales, sigilosas. Las voces susurran tras las paredes, nerviosas, incesantes. La madera cruje, como si alguien avanzara por el pasillo, lentamente, paso a paso. Todas las estancias están oscuras, las tinieblas son perpetuas. Al ambiente está cargado, el olor a cerrado, el olor a soledad, a abandono, lo inunda todo. Apenas puedo moverme, tengo cada músculo de mi cuerpo agarrotado. Debo ser cautelosa, no pueden descubrirme.

Aquí fuimos felices una vez, tú y yo. Hace años, juntos llenábamos de luz y alegría aquello a lo que llamábamos hogar. No me daba cuenta de cómo me ibas consumiendo, día a día. Me limitabas, cortabas mis alas y desechabas mis ilusiones. Yo me aferraba a mi último anhelo, quererte. Era todo lo que hacía, amarte en cuerpo y alma. Lo habría dado todo por ti si me lo hubieras pedido. Te permití tantos caprichos, siempre estuve a tu disposición. Mientras segabas mis sueños, yo te ayudaba a realizar los tuyos. No era más que un objeto para ti, nunca me viste como un fin en mi misma. 

Cuán estúpida fui. Ahora lo veo claro, no tenías derecho a tratarme así. Me he familiarizado con las voces que viven en mi cabeza. He comprendido que solo buscan mi bien, y siempre han tenido razón, en cuanto a todo. El día que no pude más, ellas tomaron el control. Lo único que nunca había deseado en mi vida, era lo que más necesitaba: poder y control. Poder sobre mis decisiones, control sobre mi vida. Eras hermoso, pero no eras ni de lejos una obra de arte. Creías que me tenías dominada, pero te hice caer. La noche que acabé con tu vida, la noche que empecé la mía. Pero los efectos secundarios fueron considerables: algo escapó de mi interior. Los demonios que quedaron en mi cabeza me han prometido que si hablo de ellos, sobreviviré a mi propia muerte. O quizás lo harán ellos. Les he oído cuchichear, decir que cuando yo muera por fin serán libres. Pero no pienso permitirlo. Ahora que he conseguido mi ansiada libertad no pienso darme por vencida. Pero no puedo escapar, la casa me tiene atrapada. Los que pudieron huir canalizados en mi ira, en mi maldad, ahora se ciernen sobre mi, y no me permitirán salir de aquí, no tan fácilmente. 

Es mi oportunidad, el pasillo parece en silencio, deben estar en el piso de arriba. Corro lo más rápido que puedo, a la desesperada, con la adrenalina latiendo en mis sienes. Unos últimos metros. Casi puedo sentir la liberación en mi cuerpo. Pero, algo va mal. El suelo se quiebra bajo mis pies. Una caída de varios metros, estoy tirada en el frío suelo de piedra del sótano. Todo lo que alcanzo a ver es el agujero que se cierne sobre mi. ¿Cómo iba a saber que las termitas habrían consumido el suelo? ¿Tanto tiempo había pasado? Seguro que habían sido ellas, las voces. Me la han jugado. Giro la cabeza para ver lo que a mi derecha está apareciendo, un reguero de sangre que brota de mi cabeza. No siento dolor, no siento nada. La vista se me apaga por momentos. Lo único que puedo hacer es escuchar, escuchar cómo se ríen de mí, cómo han logrado vencerme, sus carcajadas triunfales. ¿Quién tiene el control?

domingo, 29 de mayo de 2016

Julia (MásVeinticuatro)

Fuimos arte. Fuimos todo lo que quisimos ser, todo lo que deseamos, todo lo que añoramos, todo lo que soñamos. Una llama enorme que cubrió el firmamento e iluminó el universo, por un instante. Una combustión espontánea, una química explosiva, un deseo inflamable. Lo fuimos todo, y a la vez nada. Nunca signifiqué nada en tu vida. Nunca me consideraste más que un amigo. Un amigo con el que te saludas con un beso en la boca, un amigo al que deseas con toda tu alma, un amigo que te hace arder las entrañas de pasión con una mirada. Te deseo tanto, aún hoy, que me duele al pensarlo. Estoy relleno de cenizas, de los restos de tu amor. Me disparaste con tus labios a quemarropa, y te desentendiste de mi inerte ser. Huiste, despacio y sutilmente. Te fuiste, y me abandonaste a la desidia y al olvido. Yo mismo me curé los hematomas, me lamí las heridas y aprendí a recomponer mi interior. Hice lo que pude, aunque no fue gran cosa. 

Admito que volvería. Volvería a amar, a besar, a sentir, a vivir, a gozar, a llorar, a sufrir y a volver a empezar. Mientras tú me has olvidado, yo sigo esperándote. Con la ilusión con la que un niño espera sus regalos de navidad, con la esperanza de un enfermo terminal, así te espero yo. En el fondo no soy tan diferente de ellos: soy una figura inocente y frágil que espera la llegada de un futuro tan incierto como veraz, como inminente, como inevitable. Sé que no vas a volver, no como yo quiero que lo hagas. No volverás a brindarme la llave de tu corazón. La tuve, pero cambiaste la cerradura y arrojaste la original al fondo de un pozo, al que por otra parte, saltaría aún sabiendo que no volveré a salir. 

Voy a recomponer mis entrañas y buscar a alguien que me merezca. Alguien que se preocupe por mí, que lo dé todo por mí. Que me quiera más que a sí mismo, millones de veces más de lo que tú lo harás jamás. Que me brinde la posibilidad de ser feliz. Que me dé una familia, un proyecto de presente y futuro. Que sea perfecto en todos los aspectos. En todos menos uno. Que no serás tú. Y volverás a mí, como el asesino que vuelve a la escena del crimen, y pretenderás que vuelva a caer por ti, que renuncie a mi vida de ensueño. Y créeme cuando te digo, que si así me lo pides, lo haré.

martes, 17 de mayo de 2016

Soy una ruina (MásVeinticuatro)

Sabía que esto acabaría pasando, pero aún así me arriesgué. Quizás fue egoísta por mi parte, pero no te obligué a hacer nada que no quisieras. Fuimos unos prófugos del amor, huyendo de todo y todos, viviendo nuestra pasión en secreto. Fuimos libres, fuimos puros. Dejamos que el corazón dominara nuestro juicio, y abrazamos la locura. Lo significas todo para mí, y no te dejaré ir. Ahora eres mío, me perteneces, tú y todo lo que implicas. Sé que estoy jugando con tu corazón, y que podría hacerlo mejor. El amor es una batalla sencilla, conozco cada movimiento a la perfección, muevo los hilos a mi conveniencia. Sé que no es justo ni es lo correcto, pero es todo lo que puedo ofrecer. Es difícil decir adiós, y muy fácil vivir la vida del amante fugaz.

Acabaron encontrando las pruebas, tus huellas sobre mi cuerpo. Era demasiado tarde para correr, estabas atrapado. Nunca seré libre, no está en mi naturaleza. Tengo un compromiso de por vida del que no puedo huir, ni tampoco quiero. Al final del día, necesito volver a ello, forma parte de mi. Soy la perfecta encarnación de la toxicidad. Destruyo todo lo que toco, tarde o temprano. Soy el antítesis de Midas, soy el oro que todo lo arruina. He asumido mi destino, y solo me queda disfrutar de ello dentro de los límites que me establezco, y al instante sobrepaso. Hay algo dentro de mi que me susurra, que condiciona mi vida. Me siento como una nueva persona (pero cometeré los mismos viejos errores). Tomo nuevos caminos (pero no sabré cuando he ido demasiado lejos). Cambiaré de vida (pero no será lo correcto). 

Todo tiene sus consecuencias, y hoy te veo, consumido, tan solo polvo fruto de la combustión. Mi dueña ha acabado contigo. Mi dueña soy yo misma. No eres como yo, no eres capaz de renacer de entre las cenizas y volver a empezar. Me duele verte así, pero no puedo hacer nada. Es ley de vida. Pronto encontraré a alguien como tú, y todo volverá a empezar. diferente chico, pero la misma historia. Cuando tú intentabas construir una vida conmigo, yo construí una vida para tres. Una multitud, a tu parecer. Eres incapaz de mostrar lo roto que tienes el corazón, ahora que he acabado contigo. Te lo advertí: Voy a arruinarte la vida si me dejas quedarme.

domingo, 1 de mayo de 2016

Lecciones de Papá (MásVeinticuatro)

Llegué a este mundo siendo la niña de papá. Sus ojos al mirarme denotaban lo mucho que me adoraba. Siempre volvía lo antes posible del trabajo, y pese a estar exhausto, me llevaba de paseo. Recuerdo nuestras interminables charlas, cómo no paraba de preguntarle por todo, quería ver el mundo a través de sus ojos. Siempre le tuve una admiración enorme. Me enseñó a bailar, me sostuvo la mano cuando me caí, siempre estuvo ahí para mí. Cuando fui algo más mayor, me llevaba en su moto, me enseñó a jugar al blackjack, y siempre repetíamos la misma rutina cada sábado: él se sentaba en el sofá, y yo le preparaba su té preferido, con algo de whisky. Entonces empezaba la lección. Me aconsejó sobre tantas y tantas cosas útiles en la vida, que pese a parecer imposible poder recordar todas, aún lo hago y lo tengo presente cada día de mi vida. Mi padre hizo una soldado de mí. Tenía que ser una chica dura, no debía permitir que me tomaran el pelo. Él no era tonto, y me advirtió sobre hombres como él, y cómo tenía que evitarlos, solo jugarían conmigo y me harían daño, tal y como hizo él en su juventud. 

Siempre acababa diciéndome que el día que él faltara, cuidará de mi madre y vigilara a mi hermana, que fuera una mujer fuerte. Yo siempre se lo prometía, pero veía tan lejos ese día, que cuando llegó me pilló por sorpresa. Cuando me lo dijeron bajé la cabeza, cerré los ojos, y pude verle, con la cabeza alta, su rifle en la mano derecha y jurando sobre la biblia, diciéndome que no llorara, que él siempre estaría conmigo. Casi podía sentir cómo me abrazaba, y no derramé ni una sola lágrima, sería como él me enseñó.

Cuando los problemas llegaron a la ciudad, años después, supe cómo actuar. Me enseñó a pelear, aunque no siempre estuviera bien, pero me decía que era por mi seguridad, para que nadie pudiera abusar nunca de mí. Una noche, en mi club favorito, un musculoso hombre se me acercó y empezó a bailar conmigo, a acercarse cada vez más, hasta que fue demasiado. Le dije que se fuera, que no quería nada con él. Siguió insistiendo un buen rato, hasta que se me quitaron las ganas de estar allí y decidí volverme a casa. Cuando me di cuenta de que me estaba siguiendo era demasiado tarde, estábamos en una zona algo oscura y totalmente solitaria, solos los dos. Gritar no me habría servido de nada, la música del local estaba muy alta como para que nadie de allí pudiera escucharme. Se acercó a mí, me agarró de la cintura y me atrajo hacia él. Intenté zafarme, pero era mucho más fuerte que yo. No pretendía acabar con su vida, sé que no está bien, no puedo sacármelo de la cabeza. La situación se había vuelto muy complicada, y no vi otra salida. Sabía lo que debía hacer. Mi padre me dijo que disparara.

domingo, 17 de abril de 2016

Bonitas Mentiras (MásVeinticuatro)

Cubre mis ojos con tus manos, finge que todo está bien. Apaga las luces, no hay más sorpresas por venir. Estoy paralizada. Quiero vivir para siempre, como el humo en el aire, como una pluma que vuela en el aire sin destino, perdida en el silencio. Por favor, sigue susurrándome bonitas mentiras.

Alguien me dijo que ya habrá muchas otras manos que sostener. No elegí depender de ti. No quiero que esto te destroce, pero no tengo a nadie más con quién contar. No sé si lo eres todo para mí, y no sé si puedo darte lo que necesitas. No quiero descubrir al final que no tengo nada, así que ¿podemos simplemente fingir que no estamos cayendo en el profundo final?

El amor no debería costar nada, y sin embargo ahora estoy pagado por todo, fingiendo que todo está bien. No hay forma de salvarnos, mira en lo que nos hemos convertido, corazones vacíos. Después de todo lo que hemos dicho y hecho, solo me queda pedirte que acabes con esto, mata el amor que está muriendo.

Dime qué se supone que debía pensar, cuando me abrazabas tan fuerte que apenas podía respirar. Dime que está todo en mi cabeza, pero recuerdo cuando me decías "nunca te dejaré ir" y me abrazabas en la oscuridad mientras poco a poco te llevabas mi corazón. Dime que soy libre de irme, pero sabías que estaba perdida en ti.

Esto no puede ser amor si duele tanto, necesito dejarlo ir. Sobreviviré y seré la fuerte. No te pediré que te quedes. Seguiré adelante y deberías saber que lo digo en serio, siento como caballos salvajes corren por mis venas. No me daré por vencida, iré hacia un lugar mejor.

Había sombras en mis sueños, así que construí una armada que me protege mientras duermo. Sabes que aún no he terminado con esto, queda una pelea pendiente en mi interior. No vayas diciendo que eres el vencedor, aún no estoy fuera. Y lo agridulce de cada pérdida es que soy más fuerte que antes, e incluso de rodillas, estoy convencida de que estas alas rotas despegarán. Mi silueta es todo lo que queda de un corazón roto, dejaré que todos mis arrepentimientos se hundan como restos de barcos en el oscuro mar.

lunes, 4 de abril de 2016

Lo que nunca te dije (MásVeinticuatro)

La primera vez que te vi no podría haber imaginado lo especial que acabarías siendo para mí. Con tu orgullosa cabeza rapada y tus ojos llenos de energía y decisión. Por aquel entonces yo acababa de ser diagnosticado, pero tú llevabas viviendo con ello desde pequeño. Habías aprendido a ser fuerte, a sobreponerte a todo. Quién me iba a decir que acabarías fijándote en alguien como yo, incapaz de quitarme el gorro delante de nadie. Excepto cuando estábamos los dos a solas. Hablar contigo me llenaba de entusiasmo, de ganas de seguir adelante, todo tenía sentido y valía la pena. Nunca te lo dije, soy muy reservado con mis sentimientos, pero estoy enamorado de ti. Más de lo que lo he estado nunca en mi vida. Y esta es la única manera que se me ocurre de demostrarte que me importas más que nada en el mundo, incluso más que mi propia felicidad.

Te dije que me dejaras ir. Que no quería que fueras un héroe por mi. Que también me merecía conocer a otra gente, ampliar mi mundo. Que no me bastaba contigo. Que me había cansado de ti. Que todos tus besos, tus caricias, tu apoyo, no significaba nada para mí. Te dije que te fueras. 

Aquellas mentiras tuvieron el efecto que esperaba, te fuiste. No podía permitir que renunciases a un futuro por mí. Ahora estarás en alguna clínica de Estados Unidos recibiendo el mejor tratamiento que existe hasta el momento, el que te va a dar la oportunidad de tener una vida mucho más larga y plena. Una vida que no voy a poder compartir. Mis médicos me aseguraron que el avanzado estado de mi leucemia me impediría realizar un vuelo tan largo. Nada me hubiera gustado más que estar a tu lado cuando te recuperaras y pudieras vivir sin tener que volver a preocuparte por tus medicinas o la quimio. Te deseo lo mejor en esta nueva vida que comienzas, espero que seas tan feliz como yo lo he sido teniéndote a mi lado. Mis padres llevan varios días quedándose ambos a dormir aquí, y sé lo que ello significa, me queda poco tiempo. 

Seguro que pronto conocerás a alguien, alguien que te ayude a realizar todos tus sueños, que te de todo lo que necesites. Encontrarás a alguien como yo, que te ame con toda su alma. Solo espero que no me olvides, que en algún rincón de tu memoria guardes mi recuerdo, el de tantos días felices que pasamos juntos, yo los recuerdo todos. Cada uno de ellos, cada minuto contigo, cada palabra, cada beso. 

Tal vez nunca sepas todo esto, ni tampoco lo espero. Es mi decisión, he elegido que seas feliz aunque ello suponga abandonar este mundo sin ti dándome la mano y asegurándome que todo va a salir bien, que pronto nos iremos juntos muy lejos. 

Siempre estaré a tu lado, aunque no puedas verme. Vive tu vida por los dos.