martes, 10 de enero de 2017

Amor Cuneiforme (MásVeinticuatro)



Estoy hecho para ti. Sí, suena extraño. Quizás empalagoso. Lo más probable es que no me creas. Pensarás que es una frase hecha, que lo digo por decir, pero no es así.


Cada vez que algún ser querido se fue, me ha hecho aprender a valorar a la gente que tengo en mi vida día a día.


Cada vez que me echaron en cara que no era detallista, hacen que ahora me fije en muchas cosas que antes no hacía, y te encanta.


Cada vez que me abandonaron por no abrirme y expresar mis sentimientos, ayudan a que hoy te lo cuente todo, y juntos superemos cualquier obstáculo.


Me siento como una piedra cincelada a base de golpes, pero que gracias a ello hoy encajo contigo, con tus muescas.


Como aquella que te hicieron de pequeña cuando tu tío se intentaba acercar demasiado a ti, y hoy te ha hecho desconfiada.


O cuando aquel chico te hizo caer rendida a él sólo buscando tu cuerpo, y te ha hecho que hoy te alejes de la gente así.


Pero la vida sigue dándonos cinceladas día a día, y es, cuanto menos improbable, que sigamos encajando por mucho tiempo. Pero quién sabe si ahora mismo otra persona está siendo tallada para mí.

Amor Cuneiforme

Juntos (MásVeinticuatro)

Esa vieja cafetería, qué acogedora es. Decorada de forma hogareña, con madera, con cariño. Y en la mesa: mi café, el tuyo. Delante de mí sólo estás tú. Tus grandes ojos negros.


Me das la mano y me sacas de allí. Me llevas a tu casa, me besas. Me desabrochas la camisa mientras me sigues besando. Terminas conmigo, y me besas por última vez antes de caer dormida. Me llevas al parque, al río, a una exposición tras otra. Me llevas al cine, y me tomas la mano cuando la escena se pone ñoña. Me llevas de compras, y me regalas ese gorro que se me antoja. Paseas conmigo, por la calle bulliciosa, y sólo puedo verte a ti. Entre tanta gente, entre tantas posibilidades, sólo me vales tú. Nos mudamos juntos, compramos juntos, limpiamos juntos, disfrutamos juntos. Me quedo embarazada juntos, tenemos juntos a nuestro regalo. Le amamos tanto. Tiene tu nariz. Y mi mal genio. Crece ante nosotros, rápido, sin preocupaciones. No nos damos cuenta, pero nosotros crecemos rápido también. Se hace mayor, se va de casa, volvemos a estar solos, pero juntos. Decides dejar de taparte las canas, y nos teñimos juntos de blanco para dar paso a nuestra etapa final.


Parpadeas. Salgo de mi absorta imaginación. Me miras con extrañeza y dulzura. Tomó el café y sonrío, dando un trago. Estoy listo para empezar esta nueva aventura, contigo.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Que te vayas. (MásVeinticuatro)



Que sí, que te vayas.


Que no, que no vuelvas.


Que no me voy a morir por dentro cuando me faltes, ni me va a doler el vacío que dejes en mi interior.


Que me da igual pasarme noches enteras llorando porque no estás conmigo, porque ya no están tus manos para protegerme.


Que no me importa que no vuelva a ser tu sonrisa lo primero que vea cada mañana.


Que puedes irte tranquilo, que me da igual si no vuelvo a verte, a sentirte.


Que no voy a echar de menos tus besos, tus caricias, que te preocupes por mí, que me enseñes a ser feliz.


Que no te perdono lo que me hiciste. Que no voy a soportar otra humillación. Que no voy a tolerar que me degrades. Que no soy tuya. Que porque decida compartirme contigo no te pertenezco. Que no puedes controlar mi vida.


Que no me importa que llores. Que no quiero tus disculpas. Que no me creo tus palabras. Que no puedo seguir con esto. Que no quiero depender de ti. Que tus promesas ya no sirven de nada.


Que puedes cambiar. Que puedes arreglarlo. Que puedes volver cuando me hacías feliz. Que no ha sido para tanto. Que no volverá a ocurrir. Que ya pasó. Que no sirve de nada vivir en el pasado. Que todo va a ser distinto ahora. Que nunca me vas a perder. Que siempre voy a estar aquí. Que estamos hechos el uno para el otro. Que podría vivir sin ti, pero no quiero.


Que no te necesito, que no me importas.


Que (no) te vayas.

Que te vayas

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Liberación (MásVeinticuatro)


Solo hay una persona a la que odie en este mundo. Es la que más daño me ha hecho, aunque a la par sea la que me ha dado la oportunidad de vivir cada buen momento. Pero, hasta en esos preciosos instantes, ha estado recordándome todo lo que no soy, todo lo que no tengo. Le encanta recordarme que no tengo el cuerpo perfecto, que debería comer menos, que debería hacer más ejercicio, que debería sacrificar parte de mi felicidad en conseguir la aceptación de los demás. Que no debería contestar como lo hago, que no debo dejar al descubierto mis sentimientos, que no debo decir lo que pienso. Que no debo ser yo. Que no debo ser diferente, que no debo destacar. Me mata por dentro, las palabras me taladran y me deshacen.


Son esos momentos de felicidad, en los que aparece y me destroza. "Pero mírate, si estás gorda, qué haces con esa ropa; tápate, nadie quiere verte así". "Están contigo por pena, porque no tienes nadie más con quien ir y se sienten obligados a admitirte en su grupo, no te quieren aquí". "A nadie le importa lo que pienses, no quieren saber de tu vida, de lo que sientes; cállate y no llames la atención".


Duele. Vaya, que si duele... Por dentro y por fuera de la piel. Me castiga, con esa afilada cuchilla, recorre mi piel dejando dolor, para que sepa que lo estoy haciendo mal. Que no debo ser así. Que no debo pensar así. No. No. No. Otra gota de sangre recorre mis muslos hasta mis pies, al mismo tiempo que las lágrimas llegan a mi barbilla.


La vergüenza me consume como a una colilla. Mi vida es un cigarro en las últimas, a punto de apagarse. Soy consciente de lo tóxica que es nuestra relación. Y por eso, hoy he decidido ponerle fin. Voy a dejarla. De una vez por todas, necesito ser feliz. Quién quiere un futuro si está lleno de tormento y sufrimiento. He esperado a que estuviera en la bañera para ejecutar mi jugada final. La he agarrado fuerte y le he sesgado los brazos. Nunca había sentido tanta paz, tanta liberación. Sentía como mis fuerzas se iban debilitando, poco a poco, a medida que me desangraba hasta que, por fin, dejé de ser presa de mis demonios.

Liberación

Ángel Caído (MásVeinticuatro)


He crecido toda mi vida pensando que solo me gustaban las chicas. Hasta este año. Hay un chico en mi clase, Tray. Cada vez que lo veo algo dentro de mí se revuelve, nunca había sentido esto con nadie. Me paso las horas embobado, mirándole. Su marcada mandíbula, sus oscuros ojos, su corto pelo, su ancha espalda... Adoro mirarle y, al hacerlo, no puedo evitar que mi mente nos imagine, a él y a mí, solos, en un lugar que no puedo reconocer. Piel con piel, sus labios cerca de los míos. Dios mío, sus labios. Son el manjar más delicioso que deseo probar. Sentir su respiración en mi cuello, agarrarle de la cintura como si me fuera la vida en ello. Cuando estoy a solas en mi cama, su imagen viene a mí y finjo que mis manos son las suyas y les dejo total libertad por mi cuerpo. Deseo tan fuerte que sea mío. Cierro los ojos, tomo aliento y está conmigo. La cama arde con nosotros como combustible y en medio de las llamas grito su nombre. Por unos segundos el dolor desaparece, pero cuando vuelvo a abrir los ojos ha desaparecido.


Siempre está con esa chica que le espera en coche a la salida, seguro que es su novia. Es guapísima, he de reconocerlo, pero no hay nadie como él. Una noche, volviendo a mi casa, caminaba por una zona bastante transitada los fines de semana, pues hay varios locales. Uno de ellos es el pub gay más conocido de la ciudad. Alguna vez he pensado en entrar y amar fugazmente a un desconocido para así intentar ubicar mi sexualidad, pero es algo tan artificial que me produce repulsión. Estos pensamientos rondaban mi cabeza cuando vi a Tray, con esa chica, fumando fuera del local. ¿Era gay? Aunque lo fuera, no creo que se fijara en mí. Quizás fuera la emoción del momento, la esperanza de un futuro juntos, lo que me hizo decidir ir a él, hablarle, conocerle. Empecé a cruzar la calle, con el corazón acelerado por la adrenalina, cuando sonó el primer disparo.


Me pitaban los oídos, no comprendía qué pasaba. Los gritos y el resto de disparos sucedieron muy rápido, no era capaz de procesar lo que estaba sucediendo. Me quedé parado, en medio de la carretera, mirando fijamente a Tray. En la nube de disparos, cayó al suelo. No podía saber si se había tirado para evitar que le dispararan o es que le había alcanzado una bala. Desesperado corrí hacia él, olvidando que el asesino debía seguir por allí. Llegué a donde estaba, me arrodillé ante él, le sostuve la cabeza con mis manos, como tantas veces había fantaseado hacer, y le besé. Al menos moriría siendo amado. La sangre bañaba su camisa y el charco empezaba a extenderse a su alrededor. Confieso que estoy perdido, idiota y débil. Creo que es una prueba, creo que es el mayor caos. Miro a sus ojos, es un ángel caído. ¿Dónde están nuestros líderes? ¿Cómo pueden permitir que esto suceda? ¿Acaso su color de piel o su preferencia a la hora de amar son motivos para cometer tal delito de odio? Daría mi vida por la suya, preferiría salvarle, mi ángel caído.

Un Millón de Razones (MásVeinticuatro)



La vida me está dando un millón de razones para querer abandonar. Anoche, después de irme de casa ante el rechazo y la incomprensión de mis padres por mi forma de amar, cogí el coche para irme lejos, lo más lejos que pudiera. Las lágrimas empañaban mis ojos, el llanto apenas me permitía respirar, me quería morir. Quería desaparecer; nadie me iba a echar en falta.


Era noche cerrada y no había nadie en la calle. Callejeando por lugares desconocidos, buscaba algo a lo que aferrarme, algo que me diera un motivo para seguir adelante. Y lo encontré, al menos por un segundo. Giré la cabeza y te vi, andando mientras mirabas al suelo. Pude sentir tu dolor; algo te afligía, éramos iguales. No podía apartar la vista de tu cuerpo... y a través del retrovisor quedé prendado de ti. Levantaste la mirada hacia mi dirección y el corazón me dio un vuelco. Una intensa luz llenó mis ojos, un estridente sonido inundó mis oídos y un indescriptible dolor me golpeó desde el lateral.


Aquí estoy ahora, en la cama de este hospital, tras severas operaciones. No puedo hablar ni ver, la sedación es muy fuerte, pero oigo todo lo que sucede. No hay buen pronóstico para mí. Posiblemente no pueda volver a andar y la posibilidad de daños internos a largo plazo es alta. Tengo mil millones de razones para querer abandonar, simplemente dejarme marchar. Pero solo necesito una buena para quedarme, y esa eres tú. Hoy te he oído llegar, como cada mañana, a hacerme compañía y hablarme de ti. Aunque no me conozcas de nada, hablas de la conexión que sentiste, y a través de todo el dolor quiero quedarme... contigo.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Vino Afrutado (MásVeinticuatro)

Mi mamá es la mujer más guapa del mundo. Sé que aún soy pequeño y no he visto a todas las mamás del mundo, pero estoy seguro de que lo es. Muchas noches, cuando llega, finjo estar dormido y cuando está sentada frente a su espejo, la miro desde el marco de la puerta. Veo como se quita el maquillaje, con esos suaves algodones y esos líquidos de botes de colores. Siempre llora cuando lo hace, pero no entiendo por qué. Nunca la he preguntado porque es un secreto que esté despierto a esas horas. Cuando se pasa el algodón por el ojo, su piel deja de ser clarita como es siempre y pasa a ser oscura, como morada. Otras manchas suelen aparecer por sus mejillas, en sus labios, e incluso a veces en su cuello. Los ojos se le enrojecen y se tapa las heridas con su largo pelo rubio. Cuando llora mucho, mi padre se levanta de la cama y se acerca a ella, y le besa cada una de ellas. 

Mi padre tiene un carácter difícil. Suele gritar mucho cuando se enfada. Nunca lo hace delante de mi, siempre cierra la puerta y grita a mi madre, que suele acabar llorando. No entiendo qué es lo que le enfada tanto, pero da un poco de miedo cuando se pone así. Normalmente es un hombre tranquilo, amable, siempre dispuesto a ayudar a todo el mundo. Tiene muchos amigos con los que sale algunas tardes, mientras yo me quedo con mis abuelos. Cuando se encierran en la habitación y mi padre grita a mi madre pienso que no se quieren. Yo a mi gatito le quiero mucho y nunca le gritaría así. Pero por las noches, cuando les miro en secreto, veo que se quieren más que a nada. 

Últimamente mi madre no va a trabajar. Se queda en la cama todo el día, duerme mucho. Hoy me he quedado en casa con ella en vez de irme con mis abuelos porque papá me ha pedido que cuide a mamá. Mientras estaba yo viendo la tele, mi madre se ha levantado de la cama y ha salido a la calle de detrás, donde casi nunca hay nadie. Desde la ventana he visto cómo un hombre la esperaba, vestido de deporte y con gorra, que le ha dado una bolsita transparente a mi madre. Parece que esperaba algo a cambio, pero como ella no tenía nada que darle, le ha pegado un puñetazo y se ha ido. Mi madre se ha caído al suelo, y mientras mis lágrimas empapaban en cristal, ha empezado a llover, poco a poco, sobre el cuerpo de mi madre tirado en la acera.