domingo, 24 de abril de 2016

Closed Minds Issues

I grew up just like everyone else around me. I've always been really happy. I had my friends, I played with them in the streets, we were all very close to each other. Then, when I grew up, I used to spend many time alone at home. My both parents worked the whole afternoon, so I just did my homework and watch tv. One day, I found one of my mother's magazine, and I started to pay attention to the faces of the women who appeared there. The way the makeup made them look amazing made me feel like I could be as pretty as them. So I started wearing it in my loneliness. I felt so gorgeous, so special, so complete.

Usually, when my parents came back in the night I had already had my bath and the makeup was cleaned from my face. But one day, my father came sooner than expected and he caught me dancing in front of the mirror wearing my makeup. He got angry, he made me take it off, but most of all, me made me feel guilty, confused, horrible. He made me feel like I was weird. He said I wasn't supposed to do that, to like that. But I do, I'm like that, am I wrong? Is there a fault on me? Am I not supposed to be like that? 

When my mother came that night, he told her everything, and he got even angrier when she didn't agree with him. They argued all night, shouting terrible things I wish I'd never heard. I was in my room, in my bed, I couldn't stop crying. Late night she came and hug me, she said: "everything will be okay, you're perfect the way you are, never forget that. we'll leave tomorrow, don't worry about anything my love. you're the most important thing in my life, I love you so much". I whispered I loved her too, and as looked up to see her face, I realized her eye was purple, and I got scared. But she covered my eyes with her cold hands and whispered me the song she created for me when I was very little. 

When I waked up, my mother wasn't there, and not even my father. I stayed in bed for a few hours, I hadn't the strength to wake up. Then my grandparents came and took me to their home. They said that my both parents were missing, and I knew my grandpas were broken inside because they feared the worst. I was really scared too, I started to imagine a life without my mom, the closest person to me, the only one that knows my fears and how to make me forget them, the only one that stays with me no matter what happens, the only one that loves me unconditionally. 

A month after that, as I was in my room as usual, someone phoned. I used to spend the most of the day alone, reading or listening to sad music, trying to fill the gap in my inner. I didn't pay attention at first, but when I realized my grandma was crying, the first thing that came to my find was that they've found my mother's dead body. Instantly I felt guilty for thinking that, so I waited to my grandma hanging up the phone. She needed a few seconds to recover her voice before telling me what we're going on. "They've found your father, he's arrested for hitting your mother", she said. She cried because she felt safer then. I couldn't avoid feeling reassured, one of the reasons I didn't went much out was because I feared seeing him. 

In the middle of that night, someone started trying to open the house' front door. I was totally frightened, what if my father escaped and came for me? But as the door opened I couldn't believe my eyes. My mom was back! I cried like never before, I felt the luckiest person alive. It turned that my mother was hidden in a friend of her's house, but she didn't contact me because she was afraid of my father finding me, so we both suffered the same. I was so happy about having her back. We got even closer than before, and we've never separated again from each other more than usual. My mom taught me how to wear my makeup well, despite the insignificant detail that I'm a boy.

domingo, 17 de abril de 2016

Bonitas Mentiras (MásVeinticuatro)

Cubre mis ojos con tus manos, finge que todo está bien. Apaga las luces, no hay más sorpresas por venir. Estoy paralizada. Quiero vivir para siempre, como el humo en el aire, como una pluma que vuela en el aire sin destino, perdida en el silencio. Por favor, sigue susurrándome bonitas mentiras.

Alguien me dijo que ya habrá muchas otras manos que sostener. No elegí depender de ti. No quiero que esto te destroce, pero no tengo a nadie más con quién contar. No sé si lo eres todo para mí, y no sé si puedo darte lo que necesitas. No quiero descubrir al final que no tengo nada, así que ¿podemos simplemente fingir que no estamos cayendo en el profundo final?

El amor no debería costar nada, y sin embargo ahora estoy pagado por todo, fingiendo que todo está bien. No hay forma de salvarnos, mira en lo que nos hemos convertido, corazones vacíos. Después de todo lo que hemos dicho y hecho, solo me queda pedirte que acabes con esto, mata el amor que está muriendo.

Dime qué se supone que debía pensar, cuando me abrazabas tan fuerte que apenas podía respirar. Dime que está todo en mi cabeza, pero recuerdo cuando me decías "nunca te dejaré ir" y me abrazabas en la oscuridad mientras poco a poco te llevabas mi corazón. Dime que soy libre de irme, pero sabías que estaba perdida en ti.

Esto no puede ser amor si duele tanto, necesito dejarlo ir. Sobreviviré y seré la fuerte. No te pediré que te quedes. Seguiré adelante y deberías saber que lo digo en serio, siento como caballos salvajes corren por mis venas. No me daré por vencida, iré hacia un lugar mejor.

Había sombras en mis sueños, así que construí una armada que me protege mientras duermo. Sabes que aún no he terminado con esto, queda una pelea pendiente en mi interior. No vayas diciendo que eres el vencedor, aún no estoy fuera. Y lo agridulce de cada pérdida es que soy más fuerte que antes, e incluso de rodillas, estoy convencida de que estas alas rotas despegarán. Mi silueta es todo lo que queda de un corazón roto, dejaré que todos mis arrepentimientos se hundan como restos de barcos en el oscuro mar.

lunes, 4 de abril de 2016

Lo que nunca te dije (MásVeinticuatro)

La primera vez que te vi no podría haber imaginado lo especial que acabarías siendo para mí. Con tu orgullosa cabeza rapada y tus ojos llenos de energía y decisión. Por aquel entonces yo acababa de ser diagnosticado, pero tú llevabas viviendo con ello desde pequeño. Habías aprendido a ser fuerte, a sobreponerte a todo. Quién me iba a decir que acabarías fijándote en alguien como yo, incapaz de quitarme el gorro delante de nadie. Excepto cuando estábamos los dos a solas. Hablar contigo me llenaba de entusiasmo, de ganas de seguir adelante, todo tenía sentido y valía la pena. Nunca te lo dije, soy muy reservado con mis sentimientos, pero estoy enamorado de ti. Más de lo que lo he estado nunca en mi vida. Y esta es la única manera que se me ocurre de demostrarte que me importas más que nada en el mundo, incluso más que mi propia felicidad.

Te dije que me dejaras ir. Que no quería que fueras un héroe por mi. Que también me merecía conocer a otra gente, ampliar mi mundo. Que no me bastaba contigo. Que me había cansado de ti. Que todos tus besos, tus caricias, tu apoyo, no significaba nada para mí. Te dije que te fueras. 

Aquellas mentiras tuvieron el efecto que esperaba, te fuiste. No podía permitir que renunciases a un futuro por mí. Ahora estarás en alguna clínica de Estados Unidos recibiendo el mejor tratamiento que existe hasta el momento, el que te va a dar la oportunidad de tener una vida mucho más larga y plena. Una vida que no voy a poder compartir. Mis médicos me aseguraron que el avanzado estado de mi leucemia me impediría realizar un vuelo tan largo. Nada me hubiera gustado más que estar a tu lado cuando te recuperaras y pudieras vivir sin tener que volver a preocuparte por tus medicinas o la quimio. Te deseo lo mejor en esta nueva vida que comienzas, espero que seas tan feliz como yo lo he sido teniéndote a mi lado. Mis padres llevan varios días quedándose ambos a dormir aquí, y sé lo que ello significa, me queda poco tiempo. 

Seguro que pronto conocerás a alguien, alguien que te ayude a realizar todos tus sueños, que te de todo lo que necesites. Encontrarás a alguien como yo, que te ame con toda su alma. Solo espero que no me olvides, que en algún rincón de tu memoria guardes mi recuerdo, el de tantos días felices que pasamos juntos, yo los recuerdo todos. Cada uno de ellos, cada minuto contigo, cada palabra, cada beso. 

Tal vez nunca sepas todo esto, ni tampoco lo espero. Es mi decisión, he elegido que seas feliz aunque ello suponga abandonar este mundo sin ti dándome la mano y asegurándome que todo va a salir bien, que pronto nos iremos juntos muy lejos. 

Siempre estaré a tu lado, aunque no puedas verme. Vive tu vida por los dos.


miércoles, 30 de marzo de 2016

Rebeka, una venganza.

Toda mi vida he estado muy acomplejada con mi cuerpo. Siempre he estado regordita, pero nunca me había importado. No hasta el instituto. Allí o cumplías el canon que habían impuesto o eras automáticamente humillada, apartada, marginada. Me sentía atacada constantemente: sus insultos, sus miradas de asco y odio. Fue un infierno para mí. Cuando por fin estaba en último curso, deseosa de acabar y poder largarme de allí, la conocí. Yo era solitaria, no solía relacionarme con nadie del instituto, pero ella se acercó a mí en una hora del almuerzo. Era guapísima, rebosaba seguridad en sí misma. Nunca me había planteado que pudiera sentirme atraída por otras chicas, lo que Viktoria me hacía sentir era nuevo. El hecho de que alguien mostrara intención de estar conmigo, de saber de mí, me dio la vida. Éramos inseparables, sentía que podía confiar en ella. La contaba todo, mis problemas, mis preocupes, mis deseos. Pero mi deseo más intenso era besarla. Lo ansiaba con todas mis fuerzas. 

Podría pasarme el día mirándola, que no me habría cansado ni en toda la eternidad. Una noche que se quedó a dormir en mi casa para ver películas, al fin sucedió. Mientras de fondo se escuchaban los irrelevantes diálogos de los personajes, ella me miró fijamente y dijo: "Adoro tus ojos. Son tan... profundos. Casi puedo sentir cómo se me clavan. Son mi nuevo color preferido. Adoro también tu interminable melena rubia... Lo adoro todo el ti. Quisiera ser como tú". Vaya bobada, pensé. Nadie en su sano juicio querría ser como yo, pondría mi mano en el fuego por ello. Pero la forma que dibujaron sus labios al pronunciar aquellas palabras me dieron el empujón que necesitaba, y la besé. Me aparté después, temiendo que se enfadara por haber confundido nuestra amistad, pero en su lugar, pasó su mano por debajo de mi pelo, y, agarrándome del cuello, me acercó de nuevo a su boca. Estuvimos cerca de dos horas sin parar de besarnos, aunque se me hicieron cortas. El tiempo pasaba volando a su lado. La ilusión hizo que me quedara prendada de ella. Solíamos quedar casi todas las tardes para estudiar juntas. Era casi obsesiva mi necesidad de ella, quizás fuera porque era la primera persona en mostrarme afecto y en quererme tal y como era. Empecé a verme mejor, a no sentirme tan asqueada por mi propio cuerpo. Al fin todo parecía irme bien.

El día de la graduación, decidí pedirla salir, quería que el mundo supiera que estábamos juntas y éramos felices. Ella, como delegada de su clase, finalizó el discurso. Solo podía pensar en que acabara ya para poder verla a solas y hacerle la deseada proposición. Pero algo se torció, no podía creer lo que estaba oyendo cuando Viktoria empezó a hablar de mí delante de todo el instituto: "Quería agradecer por último a alguien que ha sido de inestimable ayuda, sin la cual no habría aprobado este curso. Gracias a Rebeka la morsa por dejarme tus apuntes y explicarme lo que no entendía, ha sido genial estar contigo pero no quiero pasar más días con el miedo a que me comas, hasta siempre". Salí corriendo de allí, con los ojos empapados y un dolor inmenso en mi interior. Me quería morir. Las risas de todo el instituto resonaban en mi cabeza como un eco infernal. Me encerré en mi habitación durante semanas. Hasta que el dolor y la tristeza dejaron paso, poco a poco, al enfado y la ira. Ideé una venganza, una forma de hacerle pagar a esa hiena todo lo que me había hecho sufrir. Tenía tiempo, ahora me iba del pueblo y podría ponerme en forma mientras estudiaba mi carrera. Y en unos años volvería, la seduciría, y cuando se hubiera enamorado de mí, la rompería el corazón como ella me había hecho. No podía esperar a ver su cara. Un nuevo fuego latía en mi interior, un nuevo incentivo de vida me motivaba. Ese fue el día que comenzó mi jugada maestra. 

Hoy, con mi recién cortada media melena y mi vestido preferido, que me hace un cuerpo de escándalo, vuelvo al pueblo a reencontrarme con una vieja amiga. La verbena comienza mañana. Estoy dispuesta a jugar mis cartas y no aceptaré una derrota. Prepárate Viktoria.


Viktoria, hasta siempre.

Madrugué aquel domingo para preparar el desayuno y llevárselo a quien consideraba el amor de mi vida a la cama. Puse toda mi ilusión y cariño en aquella bandeja, junto con dulces, zumo de naranja recién exprimido y café humeante. Subí las escaleras que llevaban a los dormitorios intentando hacer el menor ruido posible, pero cuando entré en la habitación, y para mi sorpresa, ella ya estaba en pie. Se había vestido y arreglado, se encontraba dándose los últimos retoques de maquillaje. "Te había hecho el desayuno...", empecé a decir, pero la mujer que tenía enfrente rompió en carcajadas. "Eres tan patética... ¿De verdad te crees que estoy enamorada de ti? Ni muerta, querida. Jamás sería capaz de enamorarme de una arpía mentirosa y manipuladora como tú. Apuesto a que ya no me recuerdas... ¿Verdad que no?", volvió a prorrumpir en una desquiciada risa.

Entonces lo recordé todo. Claro que sabía quién era, el por qué me resultaba familiar. Había visto esos ojos antes, y ahora recordaba dónde. En el instante en el que todo se volvió claro en mis recuerdos, se enturbió en mi pecho. Las piernas me temblaron y la bandeja cayó de mis manos y estalló en mil pedazos a mis pies, junto a mi corazón. Me costaba respirar, en mi cabeza se agolpaban sentimientos contradictorios que no era capaz de ordenar. "Alguien tenía que darte tu merecido. Hasta siempre Viktoria", dijo la mujer que con paso firme y aires de clara satisfacción se alejó escaleras abajo con una mueca de éxito en su rostro. No podía más, tenía las extremidades inferiores entumecidas. Me dejé caer al suelo de rodillas, clavándome añicos que cristal, pero no me importaba. Cuando escuché a lo lejos la puerta que daba al exterior cerrarse, un intenso picor bajo mis ojos dio paso a las lágrimas más sinceras que había profesado en mi vida. Cuando me consiguí recomponer, recogí la habitación, y con una escoba barrí lo que en el suelo yacía: los fragmentos de cerámica y de mi corazón. Solo era capaz de sentir vacío, el vacío más profundo. Siempre me había sentido así, pero ahora era diferente, era como si la hubieran amputado una parte de mi interior. Estaba sola, completamente sola y al fin lo comprendía. Esto era lo que yo había estado sembrando todos estos años. Nunca habría imaginado que yo misma acabaría sintiéndome así. 

Era insoportable. Tenía la necesidad de meterme en la cama y no salir jamás, pero también sentía el deseo de huir. De huir lejos, de correr lo más deprisa que me permitieran mis piernas y abandonar el pueblo, el país, el mundo. Ir donde nadie más había estado, un lugar en el que la soledad no fuera algo negativo, si no el bien más preciado. Me sentía extraña entre mi gente, siempre con la mirada ausente. Estaba a la deriva, abandonada y en brazos de la desesperación, al abrigo de otra lucidez. Intenté achicar penas para continuar navegando, pero no lo conseguí. Me vio atrapada, me vine abajo. Languidecía, perdida en un camino de ansiedades del que no sabía salir. Un día, simplemente desaparecé. Recorriendo aceras dicen que me vieron, ajustando el paso a los demás. Intentando cualquier cosa por dinero, malvivía como podía. Estrellas negras vieron por mis venas, pero nadie quiso preguntar. Esa madrugada, naufragué. Tenía el mar del miedo en la mirada, las ropas empapadas, el suelo por almohada y la imagen de Rebeka en mente. Y lentamente amaneció.

martes, 29 de marzo de 2016

Viktoria, una pasión.

Volvía a mi casa una tarde de otoño cuando la vi. A lo lejos, en la parada de bus, una tímida muchacha esperaba sentada mientras la lluvia barría todo a su alrededor. Me llamó la atención, pero solo durante unos segundos, después continué mi camino. No era del lugar, eso lo tenía claro, recordaría haberla visto. No fue hasta una semana después cuando volví a cruzarme con ella, en el mercado. Sus grises ojos me traspasaron como espadas, una sensación mínimamente familiar que me produjo una notable excitación. Intenté disimular lo acelerado de los latidos de mi corazón. No pude sacármela la de la cabeza, y lo peor es que me resultaba extrañamente familiar, debía de ser la prima o pariente lejana de alguna de mis víctimas. Cuando mi mente tenía un segundo de liberación, ella aparecía a llenar ese hueco. Se paseaba por mi cabeza con su media melena rubia y sus ojos, aquellos terribles ojos.

Una noche de verbena, en la que iba como siempre que tenía ocasión, enfundada en mi ceñido vestido negro, volvía sola por la larga calle que baja hasta mi casa. Ahí estaba, en una calle perpendicular, sentada en un banco, fumando un cigarro, sola. Quizás fueron las dos copas que corrían por mis venas las que me hicieron obviar la apresurada aceleración de mis latidos al acercarme a ella, y me hicieron sentarme a su lado con total normalidad. Iniciamos una conversación trivial: las fiestas, la noche, la temperatura... Hasta que no pude más, y, rindiéndome a sus pupilas clavadas en las mías, la besé. Era la primera vez en mi vida que era yo la que daba el primer paso, pero no pude evitarlo. Una corriente de sentimientos inundaron mi interior. ¿Así que así era cómo se supone que se siente uno al besar? ¿Por qué no lo había sentido con nadie hasta ahora? Todas estas dudas quedaron sepultadas por la necesidad de más, de amar a aquella mujer hasta estallar en placer. La tomé de la mano y la llevé a mi casa, a mi habitación, a mi cama, bajo mis sábanas. Fue con diferencia la mejor noche de mi vida, no podía creer lo que estaba haciendo, lo que estaba viviendo. ¿Había encontrado el amor? ¿Realmente existía? Seguía sin dar credibilidad a la situación, pero no me importaba lo más mínimo, era feliz. Podía proclamar a los cuatro vientos que era feliz. Nada volvería a ser como antes.

La vida me sonreía, no podía ser más dulce el momento. Sentía que era la persona para la que había estado guardando todas mis primaveras. Pero como todo lo bueno, acabó antes de lo que habría querido. Dos meses después de aquella noche, cuando sin dudarlo habría puesto la mano en el fuego por que estaba enamorada, algo sucedió. La tragedia se cernía sobre mi vida, y no era capaz de imaginar hasta qué punto. Mi vida estaba a punto de sufrir un giro que lo cambiaría todo.



domingo, 20 de marzo de 2016

El Chico Roto (MásVeinticuatro)

Esta es la historia de un chico roto. No es una historia de amor, debéis saberlo. Este chico se llamaba Mott, y tuvo una feliz infancia que le convirtió en un receptivo joven que buscaba el amor. Y creyó encontrarlo, cuando conoció a Remmus. Era guapo, alto, fuerte. No podría haber imaginado un chico más perfecto, y rápidamente se enamoró de él. Pero Remmus nunca se enamoró de él, tan solo fingió quererle durante un tiempo, apropiándose de su inocencia, de su virginidad y de sus sueños. Cuando se cansó, simplemente se fue. Y ahí quedó Mott, con el alma en mil pedazos, las esperanzas destrozadas, y un acuchillado corazón que seguía latiendo por su asesino. 


Le costó mucho tiempo recobrarse de aquello, de hecho nunca volvió a ser el mismo. Ese brillo en su mirada, se había apagado. Sentía que nunca volvería a amar, que nunca sería amado, que el amor no estaba hecho para él, que no merecía ser correspondido. Empezó a distanciarse más y más de sí mismo. Todas las noches tenía el mismo sueño: estaba sentado en un andén, esperando al tren. El tiempo pasaba y nadie llegaba a su andén, pero sí algunas personas al andén de enfrente. El tiempo seguía pasando, y un tren se aproximaba, pero no era el suyo. Al abandonar este la estación, ambos andenes estaban de nuevo vacíos, y él seguía solo. Era una sensación de desolación y desamparo tal, que llegado un punto del sueño, siempre sentía el mismo impulso: intentar cruzar al otro lado. Pero el resultado se repetía idéntico cada vez: se precipitaba demasiado tarde y el tren le llevaba por delante. Acto seguido se despertaba empapado en sudor y con un nudo en su interior tan intenso que solo podía pensar en él, y cuanto más lo pensaba más le dolía.


La casualidad quiso traer a Tumn a su vida una mañana de domingo, cuando salió al parque a sacar a su perro para que corriera un rato. Se sentó en un banco, como solía hacer, a pensar en sus cosas. Pero esta vez un muchacho se sentó a su lado, debía ser el dueño de la perrita con la que estaba jugando el suyo. Escuchó un "Hola", muy tímido, casi susurrado. Se giró y pudo ver cómo se sonrojaba al tiempo. "Hola, ¿Eres de por aquí? Nunca te había visto", dijo Mott. Empezaron a hablar y rápidamente congeniaron. Cuando se hizo tarde y se despidieron no se intercambiaron los números, pero el domingo siguiente volvieron los dos, a la misma hora. Tumn le recordaba a como era antes de conocer a Remmus, y le daba miedo. Le daba miedo hacerle sufrir como él lo hizo, le daba miedo volver a sentir algo, le daba miedo el amor. Pero pese a que rechazaba avanzar con aquello, seguía volviendo cada domingo a pasar la mañana con él, para luego pasar el resto de la semana pensando cómo sería su vida juntos, todo lo que podrían hacer, todo lo que podrían ser. Más esto no salía de su imaginación, era incapaz de sacarlo de ahí. Remmus por su parte no podía hacer nada, no sabía qué hacer, nunca había tenido que enfrentarse a una situación similar, y no tenía el valor ni la seguridad suficientes para dar el paso por sí mismo. Esta es la historia de un chico roto que se enamoró de otro que no tenía ni idea de coser.