martes, 17 de mayo de 2016

Soy una ruina (MásVeinticuatro)

Sabía que esto acabaría pasando, pero aún así me arriesgué. Quizás fue egoísta por mi parte, pero no te obligué a hacer nada que no quisieras. Fuimos unos prófugos del amor, huyendo de todo y todos, viviendo nuestra pasión en secreto. Fuimos libres, fuimos puros. Dejamos que el corazón dominara nuestro juicio, y abrazamos la locura. Lo significas todo para mí, y no te dejaré ir. Ahora eres mío, me perteneces, tú y todo lo que implicas. Sé que estoy jugando con tu corazón, y que podría hacerlo mejor. El amor es una batalla sencilla, conozco cada movimiento a la perfección, muevo los hilos a mi conveniencia. Sé que no es justo ni es lo correcto, pero es todo lo que puedo ofrecer. Es difícil decir adiós, y muy fácil vivir la vida del amante fugaz.

Acabaron encontrando las pruebas, tus huellas sobre mi cuerpo. Era demasiado tarde para correr, estabas atrapado. Nunca seré libre, no está en mi naturaleza. Tengo un compromiso de por vida del que no puedo huir, ni tampoco quiero. Al final del día, necesito volver a ello, forma parte de mi. Soy la perfecta encarnación de la toxicidad. Destruyo todo lo que toco, tarde o temprano. Soy el antítesis de Midas, soy el oro que todo lo arruina. He asumido mi destino, y solo me queda disfrutar de ello dentro de los límites que me establezco, y al instante sobrepaso. Hay algo dentro de mi que me susurra, que condiciona mi vida. Me siento como una nueva persona (pero cometeré los mismos viejos errores). Tomo nuevos caminos (pero no sabré cuando he ido demasiado lejos). Cambiaré de vida (pero no será lo correcto). 

Todo tiene sus consecuencias, y hoy te veo, consumido, tan solo polvo fruto de la combustión. Mi dueña ha acabado contigo. Mi dueña soy yo misma. No eres como yo, no eres capaz de renacer de entre las cenizas y volver a empezar. Me duele verte así, pero no puedo hacer nada. Es ley de vida. Pronto encontraré a alguien como tú, y todo volverá a empezar. diferente chico, pero la misma historia. Cuando tú intentabas construir una vida conmigo, yo construí una vida para tres. Una multitud, a tu parecer. Eres incapaz de mostrar lo roto que tienes el corazón, ahora que he acabado contigo. Te lo advertí: Voy a arruinarte la vida si me dejas quedarme.

domingo, 1 de mayo de 2016

Lecciones de Papá (MásVeinticuatro)

Llegué a este mundo siendo la niña de papá. Sus ojos al mirarme denotaban lo mucho que me adoraba. Siempre volvía lo antes posible del trabajo, y pese a estar exhausto, me llevaba de paseo. Recuerdo nuestras interminables charlas, cómo no paraba de preguntarle por todo, quería ver el mundo a través de sus ojos. Siempre le tuve una admiración enorme. Me enseñó a bailar, me sostuvo la mano cuando me caí, siempre estuvo ahí para mí. Cuando fui algo más mayor, me llevaba en su moto, me enseñó a jugar al blackjack, y siempre repetíamos la misma rutina cada sábado: él se sentaba en el sofá, y yo le preparaba su té preferido, con algo de whisky. Entonces empezaba la lección. Me aconsejó sobre tantas y tantas cosas útiles en la vida, que pese a parecer imposible poder recordar todas, aún lo hago y lo tengo presente cada día de mi vida. Mi padre hizo una soldado de mí. Tenía que ser una chica dura, no debía permitir que me tomaran el pelo. Él no era tonto, y me advirtió sobre hombres como él, y cómo tenía que evitarlos, solo jugarían conmigo y me harían daño, tal y como hizo él en su juventud. 

Siempre acababa diciéndome que el día que él faltara, cuidará de mi madre y vigilara a mi hermana, que fuera una mujer fuerte. Yo siempre se lo prometía, pero veía tan lejos ese día, que cuando llegó me pilló por sorpresa. Cuando me lo dijeron bajé la cabeza, cerré los ojos, y pude verle, con la cabeza alta, su rifle en la mano derecha y jurando sobre la biblia, diciéndome que no llorara, que él siempre estaría conmigo. Casi podía sentir cómo me abrazaba, y no derramé ni una sola lágrima, sería como él me enseñó.

Cuando los problemas llegaron a la ciudad, años después, supe cómo actuar. Me enseñó a pelear, aunque no siempre estuviera bien, pero me decía que era por mi seguridad, para que nadie pudiera abusar nunca de mí. Una noche, en mi club favorito, un musculoso hombre se me acercó y empezó a bailar conmigo, a acercarse cada vez más, hasta que fue demasiado. Le dije que se fuera, que no quería nada con él. Siguió insistiendo un buen rato, hasta que se me quitaron las ganas de estar allí y decidí volverme a casa. Cuando me di cuenta de que me estaba siguiendo era demasiado tarde, estábamos en una zona algo oscura y totalmente solitaria, solos los dos. Gritar no me habría servido de nada, la música del local estaba muy alta como para que nadie de allí pudiera escucharme. Se acercó a mí, me agarró de la cintura y me atrajo hacia él. Intenté zafarme, pero era mucho más fuerte que yo. No pretendía acabar con su vida, sé que no está bien, no puedo sacármelo de la cabeza. La situación se había vuelto muy complicada, y no vi otra salida. Sabía lo que debía hacer. Mi padre me dijo que disparara.

domingo, 24 de abril de 2016

Closed Minds Issues

I grew up just like everyone else around me. I've always been really happy. I had my friends, I played with them in the streets, we were all very close to each other. Then, when I grew up, I used to spend many time alone at home. My both parents worked the whole afternoon, so I just did my homework and watch tv. One day, I found one of my mother's magazine, and I started to pay attention to the faces of the women who appeared there. The way the makeup made them look amazing made me feel like I could be as pretty as them. So I started wearing it in my loneliness. I felt so gorgeous, so special, so complete.

Usually, when my parents came back in the night I had already had my bath and the makeup was cleaned from my face. But one day, my father came sooner than expected and he caught me dancing in front of the mirror wearing my makeup. He got angry, he made me take it off, but most of all, me made me feel guilty, confused, horrible. He made me feel like I was weird. He said I wasn't supposed to do that, to like that. But I do, I'm like that, am I wrong? Is there a fault on me? Am I not supposed to be like that? 

When my mother came that night, he told her everything, and he got even angrier when she didn't agree with him. They argued all night, shouting terrible things I wish I'd never heard. I was in my room, in my bed, I couldn't stop crying. Late night she came and hug me, she said: "everything will be okay, you're perfect the way you are, never forget that. we'll leave tomorrow, don't worry about anything my love. you're the most important thing in my life, I love you so much". I whispered I loved her too, and as looked up to see her face, I realized her eye was purple, and I got scared. But she covered my eyes with her cold hands and whispered me the song she created for me when I was very little. 

When I waked up, my mother wasn't there, and not even my father. I stayed in bed for a few hours, I hadn't the strength to wake up. Then my grandparents came and took me to their home. They said that my both parents were missing, and I knew my grandpas were broken inside because they feared the worst. I was really scared too, I started to imagine a life without my mom, the closest person to me, the only one that knows my fears and how to make me forget them, the only one that stays with me no matter what happens, the only one that loves me unconditionally. 

A month after that, as I was in my room as usual, someone phoned. I used to spend the most of the day alone, reading or listening to sad music, trying to fill the gap in my inner. I didn't pay attention at first, but when I realized my grandma was crying, the first thing that came to my find was that they've found my mother's dead body. Instantly I felt guilty for thinking that, so I waited to my grandma hanging up the phone. She needed a few seconds to recover her voice before telling me what we're going on. "They've found your father, he's arrested for hitting your mother", she said. She cried because she felt safer then. I couldn't avoid feeling reassured, one of the reasons I didn't went much out was because I feared seeing him. 

In the middle of that night, someone started trying to open the house' front door. I was totally frightened, what if my father escaped and came for me? But as the door opened I couldn't believe my eyes. My mom was back! I cried like never before, I felt the luckiest person alive. It turned that my mother was hidden in a friend of her's house, but she didn't contact me because she was afraid of my father finding me, so we both suffered the same. I was so happy about having her back. We got even closer than before, and we've never separated again from each other more than usual. My mom taught me how to wear my makeup well, despite the insignificant detail that I'm a boy.

domingo, 17 de abril de 2016

Bonitas Mentiras (MásVeinticuatro)

Cubre mis ojos con tus manos, finge que todo está bien. Apaga las luces, no hay más sorpresas por venir. Estoy paralizada. Quiero vivir para siempre, como el humo en el aire, como una pluma que vuela en el aire sin destino, perdida en el silencio. Por favor, sigue susurrándome bonitas mentiras.

Alguien me dijo que ya habrá muchas otras manos que sostener. No elegí depender de ti. No quiero que esto te destroce, pero no tengo a nadie más con quién contar. No sé si lo eres todo para mí, y no sé si puedo darte lo que necesitas. No quiero descubrir al final que no tengo nada, así que ¿podemos simplemente fingir que no estamos cayendo en el profundo final?

El amor no debería costar nada, y sin embargo ahora estoy pagado por todo, fingiendo que todo está bien. No hay forma de salvarnos, mira en lo que nos hemos convertido, corazones vacíos. Después de todo lo que hemos dicho y hecho, solo me queda pedirte que acabes con esto, mata el amor que está muriendo.

Dime qué se supone que debía pensar, cuando me abrazabas tan fuerte que apenas podía respirar. Dime que está todo en mi cabeza, pero recuerdo cuando me decías "nunca te dejaré ir" y me abrazabas en la oscuridad mientras poco a poco te llevabas mi corazón. Dime que soy libre de irme, pero sabías que estaba perdida en ti.

Esto no puede ser amor si duele tanto, necesito dejarlo ir. Sobreviviré y seré la fuerte. No te pediré que te quedes. Seguiré adelante y deberías saber que lo digo en serio, siento como caballos salvajes corren por mis venas. No me daré por vencida, iré hacia un lugar mejor.

Había sombras en mis sueños, así que construí una armada que me protege mientras duermo. Sabes que aún no he terminado con esto, queda una pelea pendiente en mi interior. No vayas diciendo que eres el vencedor, aún no estoy fuera. Y lo agridulce de cada pérdida es que soy más fuerte que antes, e incluso de rodillas, estoy convencida de que estas alas rotas despegarán. Mi silueta es todo lo que queda de un corazón roto, dejaré que todos mis arrepentimientos se hundan como restos de barcos en el oscuro mar.

lunes, 4 de abril de 2016

Lo que nunca te dije (MásVeinticuatro)

La primera vez que te vi no podría haber imaginado lo especial que acabarías siendo para mí. Con tu orgullosa cabeza rapada y tus ojos llenos de energía y decisión. Por aquel entonces yo acababa de ser diagnosticado, pero tú llevabas viviendo con ello desde pequeño. Habías aprendido a ser fuerte, a sobreponerte a todo. Quién me iba a decir que acabarías fijándote en alguien como yo, incapaz de quitarme el gorro delante de nadie. Excepto cuando estábamos los dos a solas. Hablar contigo me llenaba de entusiasmo, de ganas de seguir adelante, todo tenía sentido y valía la pena. Nunca te lo dije, soy muy reservado con mis sentimientos, pero estoy enamorado de ti. Más de lo que lo he estado nunca en mi vida. Y esta es la única manera que se me ocurre de demostrarte que me importas más que nada en el mundo, incluso más que mi propia felicidad.

Te dije que me dejaras ir. Que no quería que fueras un héroe por mi. Que también me merecía conocer a otra gente, ampliar mi mundo. Que no me bastaba contigo. Que me había cansado de ti. Que todos tus besos, tus caricias, tu apoyo, no significaba nada para mí. Te dije que te fueras. 

Aquellas mentiras tuvieron el efecto que esperaba, te fuiste. No podía permitir que renunciases a un futuro por mí. Ahora estarás en alguna clínica de Estados Unidos recibiendo el mejor tratamiento que existe hasta el momento, el que te va a dar la oportunidad de tener una vida mucho más larga y plena. Una vida que no voy a poder compartir. Mis médicos me aseguraron que el avanzado estado de mi leucemia me impediría realizar un vuelo tan largo. Nada me hubiera gustado más que estar a tu lado cuando te recuperaras y pudieras vivir sin tener que volver a preocuparte por tus medicinas o la quimio. Te deseo lo mejor en esta nueva vida que comienzas, espero que seas tan feliz como yo lo he sido teniéndote a mi lado. Mis padres llevan varios días quedándose ambos a dormir aquí, y sé lo que ello significa, me queda poco tiempo. 

Seguro que pronto conocerás a alguien, alguien que te ayude a realizar todos tus sueños, que te de todo lo que necesites. Encontrarás a alguien como yo, que te ame con toda su alma. Solo espero que no me olvides, que en algún rincón de tu memoria guardes mi recuerdo, el de tantos días felices que pasamos juntos, yo los recuerdo todos. Cada uno de ellos, cada minuto contigo, cada palabra, cada beso. 

Tal vez nunca sepas todo esto, ni tampoco lo espero. Es mi decisión, he elegido que seas feliz aunque ello suponga abandonar este mundo sin ti dándome la mano y asegurándome que todo va a salir bien, que pronto nos iremos juntos muy lejos. 

Siempre estaré a tu lado, aunque no puedas verme. Vive tu vida por los dos.


miércoles, 30 de marzo de 2016

Rebeka, una venganza.

Toda mi vida he estado muy acomplejada con mi cuerpo. Siempre he estado regordita, pero nunca me había importado. No hasta el instituto. Allí o cumplías el canon que habían impuesto o eras automáticamente humillada, apartada, marginada. Me sentía atacada constantemente: sus insultos, sus miradas de asco y odio. Fue un infierno para mí. Cuando por fin estaba en último curso, deseosa de acabar y poder largarme de allí, la conocí. Yo era solitaria, no solía relacionarme con nadie del instituto, pero ella se acercó a mí en una hora del almuerzo. Era guapísima, rebosaba seguridad en sí misma. Nunca me había planteado que pudiera sentirme atraída por otras chicas, lo que Viktoria me hacía sentir era nuevo. El hecho de que alguien mostrara intención de estar conmigo, de saber de mí, me dio la vida. Éramos inseparables, sentía que podía confiar en ella. La contaba todo, mis problemas, mis preocupes, mis deseos. Pero mi deseo más intenso era besarla. Lo ansiaba con todas mis fuerzas. 

Podría pasarme el día mirándola, que no me habría cansado ni en toda la eternidad. Una noche que se quedó a dormir en mi casa para ver películas, al fin sucedió. Mientras de fondo se escuchaban los irrelevantes diálogos de los personajes, ella me miró fijamente y dijo: "Adoro tus ojos. Son tan... profundos. Casi puedo sentir cómo se me clavan. Son mi nuevo color preferido. Adoro también tu interminable melena rubia... Lo adoro todo el ti. Quisiera ser como tú". Vaya bobada, pensé. Nadie en su sano juicio querría ser como yo, pondría mi mano en el fuego por ello. Pero la forma que dibujaron sus labios al pronunciar aquellas palabras me dieron el empujón que necesitaba, y la besé. Me aparté después, temiendo que se enfadara por haber confundido nuestra amistad, pero en su lugar, pasó su mano por debajo de mi pelo, y, agarrándome del cuello, me acercó de nuevo a su boca. Estuvimos cerca de dos horas sin parar de besarnos, aunque se me hicieron cortas. El tiempo pasaba volando a su lado. La ilusión hizo que me quedara prendada de ella. Solíamos quedar casi todas las tardes para estudiar juntas. Era casi obsesiva mi necesidad de ella, quizás fuera porque era la primera persona en mostrarme afecto y en quererme tal y como era. Empecé a verme mejor, a no sentirme tan asqueada por mi propio cuerpo. Al fin todo parecía irme bien.

El día de la graduación, decidí pedirla salir, quería que el mundo supiera que estábamos juntas y éramos felices. Ella, como delegada de su clase, finalizó el discurso. Solo podía pensar en que acabara ya para poder verla a solas y hacerle la deseada proposición. Pero algo se torció, no podía creer lo que estaba oyendo cuando Viktoria empezó a hablar de mí delante de todo el instituto: "Quería agradecer por último a alguien que ha sido de inestimable ayuda, sin la cual no habría aprobado este curso. Gracias a Rebeka la morsa por dejarme tus apuntes y explicarme lo que no entendía, ha sido genial estar contigo pero no quiero pasar más días con el miedo a que me comas, hasta siempre". Salí corriendo de allí, con los ojos empapados y un dolor inmenso en mi interior. Me quería morir. Las risas de todo el instituto resonaban en mi cabeza como un eco infernal. Me encerré en mi habitación durante semanas. Hasta que el dolor y la tristeza dejaron paso, poco a poco, al enfado y la ira. Ideé una venganza, una forma de hacerle pagar a esa hiena todo lo que me había hecho sufrir. Tenía tiempo, ahora me iba del pueblo y podría ponerme en forma mientras estudiaba mi carrera. Y en unos años volvería, la seduciría, y cuando se hubiera enamorado de mí, la rompería el corazón como ella me había hecho. No podía esperar a ver su cara. Un nuevo fuego latía en mi interior, un nuevo incentivo de vida me motivaba. Ese fue el día que comenzó mi jugada maestra. 

Hoy, con mi recién cortada media melena y mi vestido preferido, que me hace un cuerpo de escándalo, vuelvo al pueblo a reencontrarme con una vieja amiga. La verbena comienza mañana. Estoy dispuesta a jugar mis cartas y no aceptaré una derrota. Prepárate Viktoria.


Viktoria, hasta siempre.

Madrugué aquel domingo para preparar el desayuno y llevárselo a quien consideraba el amor de mi vida a la cama. Puse toda mi ilusión y cariño en aquella bandeja, junto con dulces, zumo de naranja recién exprimido y café humeante. Subí las escaleras que llevaban a los dormitorios intentando hacer el menor ruido posible, pero cuando entré en la habitación, y para mi sorpresa, ella ya estaba en pie. Se había vestido y arreglado, se encontraba dándose los últimos retoques de maquillaje. "Te había hecho el desayuno...", empecé a decir, pero la mujer que tenía enfrente rompió en carcajadas. "Eres tan patética... ¿De verdad te crees que estoy enamorada de ti? Ni muerta, querida. Jamás sería capaz de enamorarme de una arpía mentirosa y manipuladora como tú. Apuesto a que ya no me recuerdas... ¿Verdad que no?", volvió a prorrumpir en una desquiciada risa.

Entonces lo recordé todo. Claro que sabía quién era, el por qué me resultaba familiar. Había visto esos ojos antes, y ahora recordaba dónde. En el instante en el que todo se volvió claro en mis recuerdos, se enturbió en mi pecho. Las piernas me temblaron y la bandeja cayó de mis manos y estalló en mil pedazos a mis pies, junto a mi corazón. Me costaba respirar, en mi cabeza se agolpaban sentimientos contradictorios que no era capaz de ordenar. "Alguien tenía que darte tu merecido. Hasta siempre Viktoria", dijo la mujer que con paso firme y aires de clara satisfacción se alejó escaleras abajo con una mueca de éxito en su rostro. No podía más, tenía las extremidades inferiores entumecidas. Me dejé caer al suelo de rodillas, clavándome añicos que cristal, pero no me importaba. Cuando escuché a lo lejos la puerta que daba al exterior cerrarse, un intenso picor bajo mis ojos dio paso a las lágrimas más sinceras que había profesado en mi vida. Cuando me consiguí recomponer, recogí la habitación, y con una escoba barrí lo que en el suelo yacía: los fragmentos de cerámica y de mi corazón. Solo era capaz de sentir vacío, el vacío más profundo. Siempre me había sentido así, pero ahora era diferente, era como si la hubieran amputado una parte de mi interior. Estaba sola, completamente sola y al fin lo comprendía. Esto era lo que yo había estado sembrando todos estos años. Nunca habría imaginado que yo misma acabaría sintiéndome así. 

Era insoportable. Tenía la necesidad de meterme en la cama y no salir jamás, pero también sentía el deseo de huir. De huir lejos, de correr lo más deprisa que me permitieran mis piernas y abandonar el pueblo, el país, el mundo. Ir donde nadie más había estado, un lugar en el que la soledad no fuera algo negativo, si no el bien más preciado. Me sentía extraña entre mi gente, siempre con la mirada ausente. Estaba a la deriva, abandonada y en brazos de la desesperación, al abrigo de otra lucidez. Intenté achicar penas para continuar navegando, pero no lo conseguí. Me vio atrapada, me vine abajo. Languidecía, perdida en un camino de ansiedades del que no sabía salir. Un día, simplemente desaparecé. Recorriendo aceras dicen que me vieron, ajustando el paso a los demás. Intentando cualquier cosa por dinero, malvivía como podía. Estrellas negras vieron por mis venas, pero nadie quiso preguntar. Esa madrugada, naufragué. Tenía el mar del miedo en la mirada, las ropas empapadas, el suelo por almohada y la imagen de Rebeka en mente. Y lentamente amaneció.